Honra a tus padres mientras obedeces la gran comisión

Fuente: Coalición por el Evangelio

Una vez escuché a un fundador de iglesias internacionales decirle al líder de su equipo que se mudaría de regreso a Estados Unidos para cuidar a sus padres ancianos. Pero la respuesta de este líder de equipo, que solía ser sensato, me sorprendió: «¿Qué crees que quiso decir Jesús cuando les dijo a Sus seguidores que dejaran que los muertos enterraran a los muertos?».

Honra a tus padres mientras obedeces la gran comisión
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Confieso que me sentí un poco ofendida. ¿Acaso no entendía que se nos manda honrar a nuestro padre y a nuestra madre? Y, sin embargo, sé que Jesús nos llama a renunciar a todo para seguirlo. Al escuchar su conversación, mi corazón se sintió en conflicto con los valores aparentemente contradictorios de las enseñanzas de Jesús.

En Mateo 15:3-9, Jesús reprende a los escribas y fariseos por su hipocresía. A través de sus tradiciones creadas por el hombre, crearon una laguna religiosa que permitía a sus discípulos descuidar el sustento de sus padres, lo que constituía una clara violación de los mandamientos de Dios (Éx 20:12; cp. Ef 6:2-3). Así que Jesús los confronta, desafiando sus intentos de encontrar una forma «legal» de quebrantar la ley de Dios y no honrar a su padre o a su madre.

En otra ocasión, Jesús le pide a un hombre que lo siga. El hombre acepta, pero pide un aplazamiento para poder cuidar de su familia, diciendo: «“Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”. “Deja que los muertos entierren a sus muertos”, le respondió Jesús; “pero tú, ve y anuncia por todas partes el reino de Dios”» (Lc 9:59-60).

No proveer para la familia inmediata es contrario a la fe en Cristo

¿Cómo conciliamos estos dos relatos? Los seguidores de Jesús están deseosos de obedecer todos Sus mandamientos y enseñan a otros a hacer lo mismo (Mt 28:20). Pero ¿cómo se puede dar prioridad a la proclamación del evangelio entre las naciones y, al mismo tiempo, honrar a nuestro padre y a nuestra madre?

Consideraciones para las misiones

Estas son preguntas que casi todos los obreros del evangelio deben considerar. ¿Cómo sabemos cuándo debemos estar en el extranjero con personas que necesitan escuchar el evangelio o cuándo debemos estar en casa con familiares que necesitan nuestra ayuda? ¿Cómo podemos cumplir con las responsabilidades que Dios nos ha dado, tanto para con nuestras familias como para con las naciones?

Al reflexionar sobre esta pregunta en mi vida y a partir de la Palabra de Dios, a continuación, presento cinco palabras de aliento que me gustaría ofrecer a mis colegas en el ministerio.

1. Pon tus manos y tu rostro hacia la proclamación del evangelio.

Cuando Jesús estaba terminando Su ministerio en Galilea y Su tiempo en la tierra se acercaba a su fin, «afirmó Su rostro» hacia Jerusalén (Lc 9:51-53). Jesús sabía para qué había sido enviado y estaba firmemente decidido a cumplir ese propósito. Del mismo modo, Jesús dice que aquellos que deciden seguirlo no deben poner la mano en el arado y mirar atrás (v. 62). Deben perseverar como Sus discípulos. Pero, como pueblo de Dios, también estamos llamados a proclamar las alabanzas de Dios entre las naciones (1 P 2:9-10). Esa es nuestra tarea. Sean cuales sean los planes o las responsabilidades personales que Dios tenga para nosotros, no podemos abandonar esta responsabilidad.

2. Involucra a tu iglesia y busca consejo sabio.

Proverbios 11:14 nos dice que una multitud de consejeros trae sabiduría. Pero la primera vez que nuestra familia se mudó al extranjero, no buscamos el consejo de otros. Claro, hablamos con muchas personas. Pero no les pedimos que nos ayudaran a evaluar nuestra decisión. Sin duda, pensábamos que estábamos recibiendo consejo, pero, en realidad, básicamente informamos a nuestros amigos de nuestros planes y les pedimos que oraran. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña un camino mejor (Pr 1:5). Nuestra iglesia es un regalo que nos ayuda a tomar decisiones sabias y a evitar posibles daños. Al no involucrarlos, perdimos la oportunidad de aprender de nuestros hermanos.

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Después de una larga temporada de vuelta en Estados Unidos, parecía que Dios nos estaba guiando al extranjero por segunda vez. Esta vez manejamos las cosas de manera diferente. Necesitábamos toda la sabiduría que pudiéramos obtener al considerar nuestra responsabilidad dada por Dios de cuidar a nuestros padres ancianos. Nuestros pastores, familiares y compañeros de iglesia nos ayudaron a evaluar en oración nuestras circunstancias y responsabilidades familiares únicas y nos aconsejaron en decisiones familiares profundamente personales y emocionales.

3. No descuides las necesidades de tu familia.

No proveer para la familia inmediata es contrario a la fe en Cristo (1 Ti 5:8). Mi esposo y yo no creemos que debamos servir en el extranjero y dejar a los hijos dependientes al cuidado de otra persona. Del mismo modo, a medida que nuestros padres envejecen, trabajamos junto con nuestros hermanos para proveerles el cuidado que necesitan. Dios se complace cuando los hijos y nietos cuidan a los ancianos y las viudas de su familia (v. 4).

4. Sé creativo en el cuidado.

Honrar a los padres es diferente en cada familia y en cada época. La mala vista de mi padre le impide leer la Biblia. Por eso, aunque esté lejos, planifico mi agenda semanal en función de los momentos en los que puedo leerle la Biblia en voz alta y orar con él por teléfono. Y aunque no vivo lo suficientemente cerca como para dejarles los alimentos en la puerta de su casa, puedo proveerles rápidamente de lo necesario mediante la entrega puntual de un paquete de compras en línea.

Las enseñanzas de Jesús, y Su llamado en nuestras vidas, nunca se contradicen

Con el paso de los años, hemos ajustado nuestro presupuesto y nuestro calendario para poder cuidar de ellos. Ya no pasamos tres años en el extranjero antes de visitar nuestro hogar. En lugar de eso, hacemos un presupuesto y planificamos para poder estar más a menudo con ellos durante estos años preciosos y fugaces en los que mamá y papá necesitan más ayuda.

5. Mantente dispuesto y listo para ajustar los planes.

Mi esposo y yo oramos para que Dios nos permita servir en el extranjero durante muchos años. Sin embargo, mantenemos estos planes flexibles y vivimos de manera que sea posible un cambio de rumbo, si es necesario. El apóstol Pablo cambió sus planes de manera significativa durante sus viajes porque estaba dispuesto y listo para someterse a la dirección de Dios (2 Co 1:15-24).

Las misiones no siempre ni necesariamente significan un compromiso de por vida con un solo lugar. Para nuestra familia, esto significa que nos comprometemos con el ministerio en el extranjero solo por períodos de dos años. Esperamos y oramos por permanecer más tiempo, pero estamos dispuestos a ajustarnos.

Los ojos puestos en Cristo

A menudo nos enfrentaremos a decisiones difíciles al tratar de honrar a nuestros padres y a nuestras madres. Pero estas decisiones difíciles no son exclusivas de quienes sirven en el extranjero. Tanto si nuestros padres viven al otro lado del océano como al otro lado de la ciudad, podemos consolarnos al saber que las responsabilidades que Dios nos da en nuestras familias nunca estarán en contradicción con lo que Él quiere hacer a través de nuestras vocaciones y ministerios. Las enseñanzas de Jesús, y Su llamado en nuestras vidas, nunca se contradicen.

Así que, mientras consideramos cada temporada en oración, fijamos nuestra mirada firmemente en Cristo. En Él encontramos todas las bendiciones espirituales (Ef 1:3). Tenemos Su Espíritu, que nos concede sabiduría, guía y entendimiento. Formamos parte de una familia espiritual que nos da consejos sabios y nos ayuda a caminar con fidelidad.

Pero lo más importante es que, a través del sacrificio de Cristo, tenemos redención, misericordia y una gran esperanza.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition.

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