En las montañas de Antioquia, donde el eco de décadas de conflicto aún resuena entre los cafetales, la Iglesia católica colombiana continúa tejiendo puentes de reconciliación que trascienden las diferencias políticas y sociales. Bajo la sabia orientación del Papa León XIV, quien desde su elección en mayo de 2025 ha mantenido el legado de paz de su predecesor Francisco—fallecido el 21 de abril de 2025—, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) ha consolidado su papel como mediadora privilegiada en el complejo proceso de paz nacional.
El arzobispo de Bogotá, monseñor Luis José Rueda Aparicio, explica desde su despacho en la Casa Episcopal cómo la Iglesia ha logrado mantener la confianza de todas las partes en conflicto: "Nuestra fortaleza radica en que no somos una parte más en el conflicto, sino una voz que habla desde el Evangelio, desde el amor incondicional por todos los colombianos, sin distinciones políticas o ideológicas".
Avances concretos en territorio
Los resultados tangibles de esta mediación eclesiástica se evidencian en municipios como Dabeiba, Antioquia, donde la parroquia de San Antonio de Padua se ha convertido en epicentro de diálogos entre excombatientes de las FARC, miembros del ELN y líderes comunitarios. El padre Miguel Ángel Rendón, párroco local, relata cómo los domingos la misma iglesia que antes servía de refugio durante los enfrentamientos, hoy acoge ceremonias de reconciliación donde antiguos enemigos comparten la mesa eucarística.
En Tumaco, Nariño, la diócesis liderada por monseñor Dimitri Cañizares ha establecido un innovador programa llamado "Pescadores de Paz", que involucra a comunidades afrodescendientes en procesos de mediación con grupos armados que disputan el control del narcotráfico. "Hemos logrado que 47 familias desplazadas retornen a sus territorios ancestrales, protegidas por acuerdos de convivencia que la misma comunidad ha validado desde su fe", explica el prelado.
El legado de Francisco en suelo colombiano
La muerte del Papa Francisco el año pasado marcó un momento de profunda reflexión para la Iglesia colombiana, que había encontrado en el pontífice argentino un aliado incondicional en sus esfuerzos de paz. Su histórica visita a Colombia en 2017, donde pronunció las palabras "no más guerra, no más odio", sigue resonando en cada iniciativa de reconciliación que emprende la CEC.
El Papa León XIV, anteriormente conocido como Robert Francis Prevost y quien fuera Superior General de los Agustinos, ha demostrado una sensibilidad especial hacia el caso colombiano. En su primera encíclica "Spes in Afflictione" (Esperanza en la Aflicción), dedica un capítulo completo a lo que denomina "el milagro colombiano": la capacidad de una nación de construir paz en medio de décadas de violencia.
Retos y oportunidades futuras
En el Centro de Memoria Histórica de Medellín, el obispo auxiliar Ricardo Tobón Restrepo coordina el programa "Voces de Reconciliación", que ha documentado más de 3,000 testimonios de víctimas y victimarios que han encontrado en la fe cristiana un camino hacia el perdón. "No se trata de olvidar", aclara monseñor Tobón, "sino de transformar el dolor en esperanza, la venganza en justicia restaurativa".
La Conferencia Episcopal ha establecido también alianzas estratégicas con organizaciones internacionales para fortalecer su rol mediador. El programa "Iglesias por la Paz", financiado por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos y la Conferencia Episcopal Alemana, ha permitido formar más de 200 agentes pastorales especializados en resolución de conflictos.
Testimonios desde las bases
En Puerto Boyacá, epicentro histórico del paramilitarismo, la parroquia del Sagrado Corazón ha implementado "Círculos de la Palabra", espacios donde víctimas y excombatientes comparten sus historias bajo la protección sacramental del sacramento de la reconciliación. María Elena Vargas, líder comunitaria cuyo esposo fue asesinado por paramilitares en 2008, describe su experiencia: "Pensé que nunca podría perdonar, pero cuando escuché la historia del comandante que se arrepentía genuinamente, entendí que Dios nos llama a ser más grandes que nuestro dolor".
Estos círculos han facilitado la reintegración de más de 150 excombatientes en actividades productivas, desde la apicultura hasta la producción de café orgánico, siempre bajo el acompañamiento pastoral de la Iglesia local.
Una Iglesia profética en tiempos complejos
El cardenal Luis José Rueda Aparicio no oculta los desafíos que enfrenta la mediación eclesiástica en un contexto donde persisten grupos armados ilegales y el narcotráfico mantiene su influencia en amplios territorios. "Ser mediadores nos expone a críticas desde todos los sectores", reconoce el purpurado, "pero nuestra misión profética nos exige hablar la verdad en amor, señalar las injusticias desde donde vengan, y acompañar especialmente a los más vulnerables".
La Iglesia colombiana ha demostrado que su compromiso con la paz trasciende los cambios políticos y las dinámicas partidistas. Con el respaldo del Papa León XIV y la experiencia acumulada en décadas de pastoral social, continúa siendo una voz autorizada y respetada en la construcción de una Colombia reconciliada, donde la justicia social y el perdón cristiano caminen de la mano hacia un futuro de esperanza.
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