Cada madrugada, cuando Lima aún duerme bajo la garúa invernal, Esperanza Mamani se levanta a las 4:30 AM para encender las cocinas del comedor popular "San Martín de Porres" en Villa María del Triunfo. A sus 52 años, esta mujer ayacuchana lleva ocho años coordinando un equipo de 15 voluntarias que preparan diariamente 400 raciones de desayuno, almuerzo y cena para familias que, sin este apoyo, no tendrían garantizada su alimentación.
"Aquí no solo servimos comida, servimos esperanza", dice Esperanza mientras supervisa la preparación del desayuno para los niños del barrio. "Cuando una madre llega con sus hijos y me dice que no tienen qué comer, yo no veo clientes, veo a Cristo que tiene hambre. Esa es la diferencia entre un restaurante y un comedor de Caritas".
Una red nacional de solidaridad
Los comedores populares de Caritas Perú forman una de las redes de asistencia alimentaria más extensas y organizadas del continente. Con más de 2,800 puntos de servicio distribuidos en las 26 regiones del país, esta iniciativa atiende diariamente a cerca de 850,000 personas, de las cuales el 60% son niños y adolescentes en edad escolar.
"No somos una simple ONG que reparte comida", explica monseñor Jorge Izaguirre, director nacional de Caritas Perú. "Somos una expresión concreta de la opción preferencial por los pobres que caracteriza a la Iglesia católica. Cada comedor es una pequeña parroquia donde se vive la caridad cristiana de la manera más práctica".
El impacto del COVID-19 y la respuesta
La pandemia de COVID-19 puso a prueba la capacidad de respuesta de los comedores populares. Durante los meses más críticos de 2020 y 2021, cuando millones de peruanos perdieron sus empleos, la demanda se incrementó en un 300%. Los comedores de Caritas no solo mantuvieron su servicio, sino que lo expandieron, llegando a servir más de 1.2 millones de raciones diarias en el pico de la crisis.
"Fue un momento de gracia extraordinario", recuerda la hermana Carmen Delgado, coordinadora regional de Caritas Lima Sur. "Vimos cómo la solidaridad cristiana se multiplicó. Familias de clase media que nunca habían pisado un comedor popular llegaban como voluntarias. Empresarios donaban camiones de víveres. Niños traían sus alcancías. Fue una lección de lo que significa ser Iglesia".
Más allá de la alimentación
Los comedores de Caritas han evolucionado hasta convertirse en verdaderos centros comunitarios que abordan múltiples necesidades sociales. En el comedor "María Auxiliadora" de Ate Vitarte, además del servicio alimentario, funcionan talleres de alfabetización para adultos, programas de estimulación temprana para niños, y consultorios básicos de salud atendidos por enfermeras voluntarias.
"Aquí hemos aprendido que el hambre no es solo de comida", explica Juana Quispe, coordinadora del comedor. "También hay hambre de educación, de salud, de compañía, de esperanza. Por eso nuestros comedores son espacios integrales de desarrollo humano".
El comedor atiende especialmente a madres solteras jefas de hogar, adultos mayores abandonados, y niños en situación de vulnerabilidad. Rocío Vargas, madre de tres hijos, cuenta: "Cuando mi esposo nos abandonó, no sabía cómo iba a alimentar a mis niños. En el comedor no solo encontré comida, sino una nueva familia que me apoyó para salir adelante".
El mensaje del Papa León XIV
En su encíclica "Fratres Omnes" (Todos Hermanos), el Papa León XIV dedicó un capítulo especial a reconocer el trabajo de los comedores populares como expresión auténtica de la caridad cristiana. "Estos espacios de fraternidad concreta nos muestran el rostro verdadero de la Iglesia: una madre que alimenta a todos sus hijos sin distinción", escribió el Pontífice.
Durante su próxima visita apostólica al Perú, programada para abril de 2026, el Papa tiene previsto almorzar en uno de los comedores de Caritas en Lima Norte, en un gesto que los organizadores interpretan como un reconocimiento extraordinario a esta labor silenciosa.
Innovación y tecnología al servicio
Caritas Perú ha incorporado herramientas tecnológicas para optimizar su red de comedores. La aplicación "Caritas Digital" permite monitorear en tiempo real el stock de alimentos, coordinar donaciones, y registrar beneficiarios para evitar duplicaciones. Además, facilita la comunicación entre comedores para compartir excedentes y optimizar recursos.
"La tecnología nos ha permitido ser más eficientes", explica el ingeniero Luis Torres, coordinador del sistema digital. "Ahora sabemos exactamente cuántas raciones se sirven cada día en cada comedor, qué tipo de alimentos necesitamos, cuáles son las zonas con mayor demanda. Esa información nos ayuda a planificar mejor nuestras compras y donaciones".
Autogestión y sostenibilidad
Un aspecto distintivo de los comedores de Caritas es su enfoque en la autogestión comunitaria. Aunque reciben apoyo institucional, cada comedor es administrado por la propia comunidad beneficiaria, fomentando el liderazgo local y la responsabilidad compartida.
En Huancayo, el comedor "San José Obrero" ha desarrollado un modelo particularmente exitoso: produce sus propias verduras en un biohuerto comunitario, cría cuyes para complementar la proteína, y vende productos caseros para generar fondos adicionales.
"No somos mendigos esperando caridad", afirma con orgullo María Centeno, presidenta del comedor huancaíno. "Somos una comunidad organizada que trabaja junta para salir adelante. Caritas nos da el empujón inicial, pero nosotros ponemos las ganas y el esfuerzo".
Redes de apoyo empresarial
La sostenibilidad de los comedores depende en gran medida de alianzas estratégicas con empresas privadas, mercados mayoristas y organizaciones internacionales. Gloria S.A., principal empresa láctea del país, dona mensualmente 50,000 litros de leche para los desayunos infantiles. Los mercados mayoristas de Lima donan diariamente frutas y verduras que, aunque no están en condiciones óptimas para la venta comercial, son perfectamente nutritivas.
"Hemos logrado crear una cadena virtuosa donde lo que sobra en un lugar, hace falta en otro", explica Carlos Mendoza, coordinador de alianzas corporativas de Caritas. "Los empresarios han entendido que ayudar a nuestros comedores no es solo responsabilidad social, es inversión en la paz social del país".
Testimonios de transformación
Los comedores de Caritas han sido catalizadores de historias de superación extraordinarias. Diana Flores, quien llegó al comedor "Santa Teresita" de Villa El Salvador como madre adolescente sin recursos, ahora es enfermera técnica y coordina el área de salud del mismo comedor.
"El comedor me salvó la vida", cuenta Diana. "Cuando tenía 16 años y mi bebé lloraba de hambre, aquí encontré no solo comida, sino madres que me adoptaron, me aconsejaron, me apoyaron para estudiar. Ahora es mi turno de ayudar a otras chicas que están pasando por lo que yo pasé".
Formación y capacitación
Caritas Perú invierte significativamente en la formación de sus voluntarias. El Centro de Capacitación "Monseñor Bambaren" en Lima ofrece cursos regulares sobre manipulación de alimentos, gestión comunitaria, liderazgo femenino, y espiritualidad del servicio.
"No basta tener buena voluntad", señala la hermana Rosa Domínguez, directora del centro. "Nuestras coordinadoras manejan presupuestos importantes, supervisan equipos de trabajo, tratan con autoridades locales. Necesitan herramientas técnicas y también formación espiritual para no perder el sentido de su misión".
Desafíos y perspectivas
Los comedores enfrentan desafíos importantes: la inflación que encarece los alimentos básicos, la migración que aumenta la demanda en ciertas zonas, y la competencia con programas gubernamentales que a veces generan duplicidad de esfuerzos.
"Nuestro mayor desafío no es conseguir más recursos, sino mantener vivo el espíritu de servicio cristiano que nos caracteriza", reflexiona monseñor Izaguirre. "Queremos que nuestros comedores sigan siendo espacios de encuentro fraterno, no simples centros de distribución de comida".
Para el 2026, Caritas Perú planea expandir su red a 3,000 comedores y desarrollar un programa piloto de "comedores sostenibles" que combinen la asistencia alimentaria con proyectos productivos locales.
Como concluye Esperanza Mamani desde su comedor en Villa María del Triunfo: "Cada plato que servimos es una oración hecha realidad. Cada niño que sale satisfecho es Cristo que nos sonríe. Esta es nuestra forma de cambiar el mundo: un desayuno, un almuerzo, una cena a la vez".
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