El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, ha dedicado su vida a una misión aparentemente imposible pero profundamente cristiana: construir puentes de diálogo en un mundo fragmentado por conflictos y divisiones.
Su reflexión sobre "el legado de Attanasio: construir un mundo mejor" nos invita a considerar cómo la diplomacia vaticana, inspirada en el Evangelio, puede ser instrumento de transformación social.
La diplomacia como ministerio de la reconciliación
Para el Cardenal Parolin, la diplomacia no es simplemente una técnica de negociación, sino una expresión concreta del ministerio de la reconciliación que Cristo confió a su Iglesia.
"Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo, y nos confió el ministerio de la reconciliación" (2 Corintios 5:18)
Lecciones de San Atanasio para nuestro tiempo
La referencia a San Atanasio no es casual. Este gran Padre de la Iglesia enfrentó enormes divisiones en su época y mantuvo la unidad de la fe a través del diálogo perseverante y la fidelidad a la verdad.
Siguiendo este ejemplo, el Cardenal Parolin propone varios principios para la construcción de un mundo mejor: diálogo perseverante, búsqueda de la verdad, paciencia histórica y esperanza activa.
La contribución única de la Iglesia
En un mundo donde muchos actores internacionales están movidos por intereses económicos o políticos, la Iglesia Católica aporta una perspectiva única: la primacía de la dignidad humana y el bien común sobre cualquier otro interés.
Esta perspectiva ofrece un modelo alternativo de relaciones internacionales basado en el respeto incondicional por la vida humana, la opción preferencial por los pobres y excluidos, la promoción de la justicia social, y la construcción de la paz como fruto de la justicia.
Un llamado a la esperanza activa
El mensaje del Cardenal Parolin no es utópico sino profético: es posible construir un mundo mejor si estamos dispuestos a trabajar por ello con los criterios del Evangelio.
"Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9)
El legado de Attanasio, actualizado por el ministerio del Cardenal Parolin, nos desafía a ser todos constructores de paz en nuestros propios ámbitos de influencia.
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