En el corazón de las villas 31 y 21-24 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Iglesia argentina ha intensificado su presencia pastoral y social durante los últimos meses. Tras la partida del Papa Francisco el pasado 21 de abril de 2025, y bajo la bendición del nuevo Pontífice León XIV (Robert Francis Prevost), las comunidades católicas han redoblado esfuerzos para mantener vivo el legado de Jorge Mario Bergoglio en su tierra natal.
El Padre Miguel Ángel Flores, párroco de la iglesia Nuestra Señora de Caacupé en la villa 21-24, relata cómo la comunidad ha crecido exponencialmente en los últimos años. "Hemos pasado de atender 200 familias a más de 800 en solo dos años. La necesidad es inmensa, pero también la fe y la esperanza de nuestra gente", explica mientras camina por los pasillos estrechos del asentamiento.
Programas integrales de acompañamiento
La Arquidiócesis de Buenos Aires, bajo la conducción del Cardenal Mario Poli, ha implementado el programa "Iglesia en Salida", que abarca no solo la asistencia espiritual, sino también educación, salud comunitaria y programas de inserción laboral. En la villa 31, el Centro Comunitario San José alberga a más de 300 niños y adolescentes diariamente, ofreciéndoles apoyo escolar, talleres de oficios y catequesis.
"El Papa Francisco nos enseñó que la Iglesia debe salir a las periferias, y eso es exactamente lo que estamos haciendo", comenta la Hermana Teresa Baldomir, quien coordina las actividades del centro. "Cada familia que acompañamos nos recuerda por qué estamos aquí".
Colaboración con organizaciones locales
La labor no se limita solo a las estructuras eclesiales. En Quilmes, la parroquia Nuestra Señora de Itatí trabaja en conjunto con la Fundación Pelota de Trapo para ofrecer talleres de carpintería y electricidad a jóvenes de entre 16 y 25 años. El programa, que ya ha graduado a más de 150 jóvenes en los últimos tres años, cuenta con el apoyo de empresas locales que ofrecen oportunidades laborales concretas.
En San Fernando, el Padre Carlos Oliveira ha establecido una red de comedores comunitarios que alimenta a más de 1,200 personas diariamente. "La pandemia nos enseñó que cuando unimos fuerzas, los milagros son posibles", reflexiona mientras supervisa la distribución de viandas en el comedor "Pan de Vida".
El legado del Papa Francisco
La influencia del Papa Francisco en la pastoral villera argentina trasciende su pontificado. Su muerte el 21 de abril de 2025 movilizó a todas las comunidades de base del país, quienes organizaron una cadena de oración que duró tres días consecutivos. "Francisco nunca se fue realmente de las villas. Su espíritu sigue aquí, en cada gesto de amor y en cada mano extendida", afirma María Elena Vázquez, líder comunitaria de la villa 1-11-14.
El nuevo Papa León XIV, en su primera encíclica "Spes in Margines" (Esperanza en las Márgenes), hizo una mención especial a la labor de la Iglesia argentina en los asentamientos urbanos, destacando cómo el país sudamericano se ha convertido en un modelo de pastoral social para el resto del mundo.
Desafíos y perspectivas futuras
A pesar de los avances, los desafíos son enormes. El crecimiento de las villas, la falta de infraestructura básica y la violencia urbana siguen siendo obstáculos significativos. En La Matanza, el Padre Juan Carlos Molina ha documentado un aumento del 40% en las consultas por violencia doméstica en el último año.
"No podemos mirar hacia otro lado. Nuestra misión es estar donde duele, donde se necesita esperanza", explica el sacerdote, quien además coordina un programa de mediación comunitaria que ha logrado resolver más de 200 conflictos vecinales en el último semestre.
La Iglesia argentina también ha puesto especial énfasis en la formación de líderes laicos de las propias villas. El Instituto de Formación "Beato Ceferino Namuncurá", ubicado en Florencio Varela, ha capacitado a más de 80 referentes comunitarios en los últimos dos años, quienes ahora lideran iniciativas de desarrollo local en sus respectivas comunidades.
Una red de solidaridad que crece
El impacto de este trabajo trasciende las fronteras de Buenos Aires. En Rosario, Córdoba y Mendoza, las diócesis locales han adoptado metodologías similares, creando una red nacional de pastoral villera que comparte experiencias y recursos.
"Estamos viviendo un momento histórico para la Iglesia argentina", concluye el Obispo Auxiliar de Buenos Aires, Monseñor Joaquín Sucunza. "El compromiso con los pobres no es solo una opción pastoral, es el corazón mismo del Evangelio. Y en las villas, ese corazón late con más fuerza que nunca".
Con más de 50 parroquias activas en asentamientos del Gran Buenos Aires y un equipo de 200 agentes pastorales especializados, la Iglesia argentina demuestra que el legado del Papa Francisco está más vivo que nunca, mientras camina hacia el futuro bajo la guía del Papa León XIV.
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