La Iglesia peruana y su respuesta ante El Niño costero

Fuente: EncuentraIglesias

Cuando las lluvias torrenciales comenzaron a azotar la costa norte del Perú en marzo pasado, la parroquia San José de Piura se transformó en algo más que un lugar de culto. En cuestión de horas, el templo centenario se convirtió en refugio para 150 familias damnificadas, centro de acopio de víveres y coordinación logística para las labores de rescate en los caseríos inundados de la periferia urbana.

La Iglesia peruana y su respuesta ante El Niño costero
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"No podíamos quedarnos con los brazos cruzados viendo sufrir a nuestros hermanos", explica el padre Carlos Morales, párroco de San José, mientras supervisa la distribución de alimentos preparados por voluntarios en la cocina improvisada del templo. "Cristo nos enseñó que la fe sin obras está muerta, y estas circunstancias nos han llamado a poner en práctica el Evangelio de la manera más concreta".

Movilización sin precedentes

La respuesta de la Iglesia Católica peruana ante los efectos devastadores del fenómeno El Niño costero de 2026 ha sido descrita por organismos internacionales como "ejemplar en rapidez y eficiencia". En las primeras 72 horas tras las inundaciones, más de 200 parroquias de las regiones de Piura, Lambayeque, La Libertad y Lima Norte habían activado protocolos de emergencia que involucraron a cerca de 15,000 voluntarios.

Monseñor José Antonio Eguren, arzobispo de Piura, coordinó desde el primer momento con autoridades civiles, ONGs internacionales y la Conferencia Episcopal Peruana para articular una respuesta integral. "Hemos aprendido de anteriores fenómenos El Niño que la coordinación interinstitucional es clave para maximizar la ayuda y evitar duplicaciones", señala el prelado.

Caritas Perú en primera línea

Caritas Perú, brazo social de la Iglesia Católica, desplegó su red nacional para canalizar la ayuda humanitaria. En Tumbes, una de las regiones más afectadas, los equipos de Caritas establecieron 12 centros de distribución que atendieron a más de 8,000 familias damnificadas durante el pico de la emergencia.

"Nuestra experiencia de décadas trabajando en emergencias nos permite actuar con rapidez", explica la hermana Martha Gonzales, directora regional de Caritas Norte. "Pero lo que hace la diferencia es que no somos una ONG cualquiera. Somos parte de estas comunidades, conocemos a las familias, sabemos quién más necesita ayuda".

La organización distribuyó más de 2,500 toneladas de alimentos, 50,000 litros de agua potable, medicinas esenciales y kits de higiene personal durante los primeros dos meses de la emergencia. Además, coordinó con UNICEF y la Cruz Roja Internacional para establecer espacios seguros para niños en los albergues temporales.

El mensaje del Papa León XIV

Desde el Vaticano, el Papa León XIV envió un mensaje especial de solidaridad que fue leído en todas las parroquias del país el domingo 15 de marzo. "Nuestros hermanos peruanos enfrentan una vez más la furia de la naturaleza, pero sabemos que su fe y solidaridad son más poderosas que cualquier adversidad", escribió el Pontífice en una carta dirigida a la Conferencia Episcopal Peruana.

El Papa también anunció una donación especial del Óbolo de San Pedro por 500,000 euros para apoyar las labores de reconstrucción de iglesias y centros comunitarios dañados por las inundaciones. "Esta ayuda llegó en el momento preciso", agradece monseñor Miguel Cabrejos, arzobispo de Trujillo y presidente de la Conferencia Episcopal.

Testimonios desde el terreno

En Catacaos, distrito rural de Piura, la capilla de la Virgen de la Paz quedó completamente inundada, pero eso no detuvo al padre Antonio Valdez. "Celebré misas al aire libre bajo carpas de plástico durante un mes", recuerda el sacerdote. "La gente necesitaba esperanza tanto como alimento. Había familias que lo habían perdido todo, pero seguían llegando a dar gracias a Dios por estar vivas".

María Fernández, madre de cuatro hijos y residente de La Arena, en Piura, cuenta cómo la parroquia local se convirtió en su tabla de salvación: "Perdimos nuestra casa, mis hijos no podían ir al colegio, mi esposo se quedó sin trabajo. Pero en la parroquia encontramos no solo comida y abrigo, sino una comunidad que nos abrazó en el momento más difícil".

Reconstrucción con enfoque pastoral

Más allá de la respuesta inmediata a la emergencia, la Iglesia peruana ha desarrollado un plan integral de reconstrucción que incluye componentes pastorales, sociales y de desarrollo comunitario. En Lambayeque, 15 parroquias han implementado el programa "Construyendo Esperanza", que combina la reconstrucción física con talleres de resiliencia psicológica y fortalecimiento de lazos comunitarios.

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"No basta con entregar materiales de construcción", explica el padre Ricardo Palma, coordinador del programa en Chiclayo. "Tenemos que ayudar a reconstruir también el tejido social, sanar las heridas emocionales y fortalecer la esperanza en el futuro".

Coordinación ecuménica inédita

Por primera vez en la historia del país, la respuesta a El Niño costero incluyó una coordinación ecuménica significativa. Iglesias evangélicas, adventistas y pentecostales sumaron esfuerzos con la Iglesia Católica para maximizar el impacto de la ayuda humanitaria.

El pastor evangélico Juan Carlos Torres, de la Iglesia Bautista Emanuel de Piura, destaca: "Las diferencias doctrinales pasaron a segundo plano. Aquí había hermanos sufriendo y todos respondimos como cristianos. Ha sido una experiencia de unidad extraordinaria".

Innovación tecnológica al servicio

La Iglesia peruana incorporó herramientas tecnológicas innovadoras en su respuesta a la emergencia. Se desarrolló una aplicación móvil llamada "SOS Parroquia" que permitía a los fieles reportar necesidades urgentes en sus comunidades y coordinar la ayuda de manera más eficiente.

Además, varias diócesis utilizaron drones para evaluar daños en zonas de difícil acceso y transmisiones en vivo por redes sociales para mantener informadas a las comunidades sobre puntos de distribución de ayuda y horarios de celebraciones eucarísticas en espacios alternativos.

Impacto en las vocaciones

Paradójicamente, la crisis generada por El Niño costero ha impulsado un incremento en las vocaciones religiosas. Los seminarios de las diócesis más afectadas reportan un aumento del 25% en las consultas de jóvenes interesados en el sacerdocio durante los meses posteriores a la emergencia.

"Ver a sacerdotes y religiosas entregando sus vidas por los más necesitados ha tocado el corazón de muchos jóvenes", observa el padre Fernando Ramos, vicerrector del Seminario Mayor de Piura. "La crisis ha mostrado el rostro más auténtico de la Iglesia, y eso genera admiración y deseo de seguir ese camino".

Lecciones aprendidas y preparación

La experiencia de El Niño costero 2026 ha llevado a la Iglesia peruana a desarrollar protocolos permanentes de preparación para desastres naturales. Cada diócesis cuenta ahora con un plan de contingencia que incluye identificación de albergues potenciales, redes de comunicación de emergencia y stocks estratégicos de suministros básicos.

"Sabemos que estos fenómenos van a repetirse", advierte monseñor Eguren. "Nuestra responsabilidad pastoral incluye estar preparados para acompañar a nuestro pueblo no solo espiritualmente, sino también en sus necesidades materiales más básicas".

La Conferencia Episcopal ha establecido además un fondo permanente para emergencias que se nutre de aportes mensuales de todas las diócesis del país, garantizando recursos inmediatos para futuras crisis sin depender exclusivamente de donaciones internacionales.

Como reflexiona el padre Morales de Piura: "El Niño costero nos ha enseñado que la Iglesia es verdaderamente universal cuando se manifiesta en la solidaridad concreta. Hemos visto cómo una parroquia de Londres enviaba fondos para una familia de Catacaos, cómo jóvenes de México organizaban colectas para Tumbes. Esa es la Iglesia que Cristo soñó".


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