Aparte de la descripción que hace Sofonías del júbilo exuberante de Dios por Su pueblo redimido (3:17), que John Piper ha popularizado en sus sermones, el libro de Sofonías no ha recibido la atención que merece. Este descuido es injustificado, no solo porque su profecía es Palabra de Dios, sino porque la audaz, amplia y hermosa presentación que hace Sofonías de Dios en el centro de la historia redentora hace que su libro sea tan relevante para los lectores contemporáneos como lo fue para su público inicial.
La presentación que hace el profeta del pecado y su remedio es particularmente potente. El mensaje de Sofonías va mucho más allá de las predicciones de juicio contra los pecados que prevalecían en Judá a finales del siglo VII a. C. También presenta gloriosas promesas de salvación y la restauración superlativa del pueblo arrepentido de Dios (vv. 14-17).
Tres facetas del mensaje del libro captan este movimiento redentor.
1. El pecado y sus consecuencias
El diagnóstico de Sofonías sobre el problema fundamental del mundo es audaz. El libro comienza con un anuncio contundente de que Dios responderá a la rebelión de la humanidad con las consecuencias más terribles imaginables (1:3). Y de manera más inmediata, Sofonías deja claro que, debido al auge de Babilonia y a las depredaciones de los vecinos de Judá, el juicio severo no es una amenaza que tardará, sino que está a las puertas.
En su primer capítulo, Sofonías enfatiza las violaciones de Judá al primer mandamiento como motivo del juicio de Dios (vv. 4-6). En lugar de confiar en que Dios protegería y preservaría a Su pueblo cuando este le fuera fiel, Judá respondió a las amenazas geopolíticas intentando asegurar su estabilidad y éxito fuera de los límites del pacto: buscando ayuda en otras naciones. Muchos en Judá dieron por sentado que Dios no haría ni bien ni mal en respuesta a esta autonomía pecaminosa (v. 12). Habían convertido a Dios en una idea abstracta sin relevancia para su vida cotidiana o para el futuro. Pero esta forma de pensar y vivir era trágicamente errónea.
La evaluación sin concesiones y poco halagadora de Sofonías recuerda a los creyentes que deben tomar en serio sus pecados y practicar el arrepentimiento
Dios refuta la rebelión de Judá en términos absolutos, entretejiendo anuncios de juicio en la letanía de los pecados de Judá (vv. 4-13). Luego, Sofonías 1 culmina en el día premonitorio del Señor que traerá la destrucción irreversible de los pecadores de todo el mundo (vv. 14-18). Contrariamente a la creencia errónea de muchos judeanos, la justicia divina hará que su autosuficiencia e inmunidad imaginarias del pacto se derrumben sobre sus cabezas.
La evaluación sin concesiones y poco halagadora de Sofonías sobre la humanidad en general, y sobre el antiguo pueblo del pacto de Dios en particular, recuerda a los creyentes que deben tomar en serio sus pecados y practicar el arrepentimiento de forma habitual. El mensaje de Sofonías también refuta las visiones de justicia y libertad que buscan esfuerzos sociales o políticos para traer el cambio trascendental que solo el poder salvador de Dios puede ofrecer.
2. Gracia y arrepentimiento
A la luz de estas terribles amenazas, es sorprendente que Sofonías ofrezca esperanza en la siguiente sección (2:1-3). Pero la inmensa paciencia de Dios abre un camino para que la rebelde Judá escape de su castigo. Sofonías llama al pueblo al arrepentimiento, y su llamado no permite concesiones. Exige una reorientación radical del corazón, para que el Señor sea absolutamente central para los «humildes de la tierra / Que han cumplido Sus preceptos».
Este cambio de gran alcance implica tres formas interrelacionadas de «buscar»: relacionalmente (buscar al Señor), conductualmente (buscar la justicia) y subjetiva o internamente (buscar la humildad). Pero, aunque se reconcilien con Dios, los judeanos que se arrepientan pueden o no ser liberados de Babilonia (v. 3).
La justicia de Dios afectará de manera similar a los no israelitas, sin dejar lugar a dudas de que Su juicio es global. Los oráculos de los versículos 4-10 y 12-15 condenan a las naciones del oeste, este, sur y norte por el mismo pecado ya resaltado en Judá: vivir como si Dios no importara. A esto se suman los pecados de tratar al pueblo de Dios como a cualquier otro pueblo (v. 8) y de que cada nación ponga en primer lugar sus propios planes y prioridades. Al igual que con los judeanos impenitentes, el destino de los no israelitas que persisten en su autonomía y en el rechazo de las exigencias de Dios sobre ellos será catastrófico.
El llamado de Sofonías al arrepentimiento puede resumirse como un mandato de ordenar nuestras vidas y nuestros amores a la luz de quién es Dios. En lugar de adoptar las definiciones de nuestra cultura sobre lo que es una buena vida, debemos prestar atención al recordatorio del profeta de que la vida con Dios —aunque implique dificultades— es radicalmente más rica porque comparte la permanencia del mundo venidero.
3. El amor y la presencia de Dios
Aunque Sofonías volverá para anunciar una última condenación sobre Judá (3:1-7), el resto del capítulo 2 muestra no solo que Dios preservará un remanente de Su pueblo, sino que también eliminará a Sus enemigos. Sin embargo, sorprendentemente, el profeta también anuncia que Dios mostrará misericordia a aquellos que no eran Su pueblo del pacto.
En medio de los oráculos de juicio (2:4-15), Dios anuncia que Moab, Amón y los rincones más lejanos del mundo aprenderán que solo Él es Dios y lo adorarán (v. 11). Cuando Dios demuestre Su impresionante poder contra las pretensiones de los dioses falsos de las naciones, Su gracia transformará a los conversos de todo el mundo.
Sofonías nos llama a profundizar nuestra comprensión de la gravedad del pecado, y a encontrar en las promesas del Señor todo lo que necesitamos
Cuando Sofonías describe cómo Dios transforma sobrenaturalmente los corazones humanos y vuelve sus deseos hacia Él, el profeta integra de manera consistente las dimensiones relacionales, conductuales e internas de este cambio. Aquellos que abrazan Su voluntad de manera holística buscarán la justicia (v. 3), la unidad (3:9), la adoración adecuada (vv. 9-10) y la humildad (2:3; 3:11). Al final, la obra salvadora de Dios eliminará por completo el orgullo que motivó la rebelión de Su pueblo (3:11), junto con sus deseos corruptos que produjeron palabras y acciones pecaminosas (v. 13). El remanente justificado y perfeccionado disfrutará entonces de la presencia directa de Dios (v. 15). Sorprendentemente, el pueblo transformado de Dios, incluidos los no israelitas (2:11; 3:9), es objeto del júbilo de Dios.
El SEÑOR tu Dios está en medio de ti,
Guerrero victorioso;
Se gozará en ti con alegría,
En Su amor guardará silencio,
Se regocijará por ti con cantos de júbilo (3:17).
En contraste con el individualismo y la autonomía que forman parte del legado de la modernidad, el evangelio que anticipa Sofonías vincula nuestra plenitud con una relación restaurada con Dios. Además, la soberanía de Dios en la salvación nos obliga a rechazar el esfuerzo y la estrategia humanos —en nuestras vidas y en la iglesia— y, en cambio, aferrarnos a la obra de Cristo.
La gracia en relieve
Aunque el libro de Sofonías no se anda con rodeos en su condena del pecado y su anuncio del juicio, es igualmente contundente en la proclamación de la salvación de Dios. Pone la gracia de Dios en relieve contra el telón de fondo del pecado universal, mostrando que, aunque no hay nada que obligue al Señor a intervenir en favor de aquellos que rechazan Sus afirmaciones como Creador, Dios, sin embargo, cumple Sus promesas y salva a personas de todos los clanes de la humanidad (Gn 12:3).
De esta manera, Sofonías nos llama a profundizar nuestra comprensión de la gravedad del pecado y sus terribles consecuencias, a beber profundamente de la gracia de Dios y a encontrar en las promesas del Señor todo lo que necesitamos para una vida y un testimonio fiel.
Nuestra santificación es como un árbol que da muchos frutos, pero tiene una sola raíz: un corazón que se siente profundamente y cada vez más atraído por Dios. Para crecer en la semejanza de Cristo, debemos meditar continuamente en la grandeza de Dios y en Su amor inmerecido en Cristo. Nuestro orgullo residual nos empuja a minimizar nuestras faltas y a mantener a Dios a una distancia segura. Esto solo empeorará a menos que sea derrotado a la luz de la gloria de Dios, Su santidad perfecta y Su asombrosa bondad hacia nosotros en Su Hijo. A medida que nuestros corazones sean transformados por el amor y la gracia de Dios, nuestros amores serán reordenados y nuestras vidas lo honrarán cada vez más.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition.
">Coalición por el Evangelio.
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