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Obispos venezolanos apuestan a la “paz y reconciliación” en su 125.ª Asamblea Plenaria

En medio de una Venezuela marcada por la incertidumbre política y social, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) inició el 4 de febrero su 125.ª Asamblea Plenaria en Caracas, apostando por la reconciliación nacional como eje central de su mensaje pastoral. Esta reunión episcopal cobra especial relevancia tras los eventos del 3 de enero y en el contexto de las complejas dinámicas sociales que atraviesa el país sudamericano, donde más de 7 millones de venezolanos han emigrado en los últimos años.

Obispos venezolanos apuestan a la “paz y reconciliación” en su 125.ª Asamblea Plenaria
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Un lema bíblico para tiempos de división

Los prelados venezolanos eligieron como hilo conductor de sus deliberaciones el pasaje paulino "Él es nuestra paz. Él hizo de ambos pueblos uno solo" (Efesios 2:14), una referencia teológica que subraya la vocación cristiana hacia la unidad en momentos de fragmentación social. Esta elección no es casual: refleja la preocupación episcopal por las polarizaciones que han caracterizado el panorama nacional venezolano en los últimos años, donde las divisiones han permeado desde las familias hasta las comunidades locales.

El lema seleccionado evoca la tradición patrística de la Iglesia primitiva, donde la paz no se entendía meramente como ausencia de conflicto, sino como la construcción activa de puentes entre comunidades divididas. En el contexto paulino original, este pasaje se refería a la reconciliación entre judíos y gentiles en la naciente comunidad cristiana. Los obispos venezolanos retoman así una tradición milenaria que ve en la Iglesia un actor de mediación y reconciliación social, aplicándola a las heridas contemporáneas de su nación.

La Conferencia Episcopal: 125 años de presencia institucional

La CEV, fundada en 1896 durante el período de consolidación republicana, ha sido testigo y protagonista de los grandes momentos históricos del país. Esta 125.ª Asamblea Plenaria se inscribe en una larga tradición de reflexión pastoral que ha acompañado las transformaciones políticas, económicas y sociales de Venezuela. Desde la época gomecista hasta los desafíos contemporáneos, pasando por el período de la democracia puntofijista y la era bolivariana, la Iglesia católica venezolana ha mantenido una voz profética que busca el bien común.

Durante esta asamblea, los obispos abordan no solo cuestiones litúrgicas y pastorales internas, sino también su rol como institución en el actual contexto nacional. La elección de Caracas como sede refuerza el simbolismo: la capital, centro neurálgico del país, acoge las reflexiones de quienes pastorean una nación de más de 28 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente el 71% se identifica como católico según estudios demográficos recientes.

El legado histórico de la Iglesia venezolana

La Conferencia Episcopal Venezolana ha jugado un papel crucial en momentos decisivos de la historia nacional. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), varios obispos alzaron su voz profética defendiendo los derechos humanos. En los años de consolidación democrática (1958-1999), la CEV contribuyó al diálogo social y a la construcción de consensos. En las últimas dos décadas, ha mantenido un discurso centrado en la defensa de los más vulnerables y la promoción del diálogo como método para superar crisis.

Esta rica tradición de compromiso social se fundamenta en la doctrina social católica, que desde el pontificado de León XIII ha desarrollado un cuerpo de enseñanzas sobre justicia, solidaridad y subsidiariedad. Los obispos venezolanos han sabido adaptar estos principios universales a las realidades específicas de su territorio, marcado por la abundancia petrolera, pero también por profundas inequidades sociales.

Reconciliación nacional: más allá del discurso político

El énfasis episcopal en la "paz y reconciliación" trasciende los marcos partidistas para situarse en el terreno de la construcción ciudadana. Los prelados venezolanos han mostrado históricamente su compromiso con procesos de diálogo que prioricen el bienestar de las familias venezolanas, especialmente las más vulnerables afectadas por la crisis migratoria y económica que ha reducido el PIB nacional en más del 75% en la última década.

Esta postura episcopal se enmarca en la doctrina social de la Iglesia, que desde la encíclica Rerum Novarum de León XIII hasta la Fratelli Tutti del Papa Francisco, ha defendido la dignidad humana como fundamento de toda organización social justa. Los obispos venezolanos, en comunión con el magisterio universal, buscan traducir estos principios a la realidad específica de su país, donde la inflación, la escasez de servicios básicos y la emigración masiva han creado una crisis humanitaria compleja.

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La dimensión pastoral de la crisis venezolana

Más allá de los aspectos políticos, los obispos enfrentan desafíos pastorales inmediatos. La emigración masiva ha dividido familias y comunidades parroquiales. Muchas diócesis han perdido entre el 30% y 50% de sus feligreses más activos. Los sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos también han emigrado, creando vacíos ministeriales significativos en comunidades que más necesitan acompañamiento espiritual.

En este contexto, la 125.ª Asamblea Plenaria aborda estrategias pastorales innovadoras: fortalecimiento de las comunidades eclesiales de base, desarrollo de programas de asistencia social, creación de redes de apoyo para familias divididas por la migración, y renovación de la catequesis para una Iglesia que debe evangelizar en contextos de sufrimiento y esperanza simultáneos.

El rol profético en tiempos de polarización

Los obispos venezolanos han mantenido una línea de independencia que les ha generado críticas tanto del gobierno como de sectores de oposición. Su compromiso con la verdad y la justicia, sin alinearse con proyectos partidistas específicos, refleja la tradición profética bíblica donde los mensajeros de Dios denuncian injusticias sin importar quién las cometa.

Esta postura se evidencia en sus cartas pastorales recientes, donde han denunciado violaciones de derechos humanos, la crisis del sistema de salud, la inflación que empobrece a las familias, pero también han rechazado soluciones violentas o que generen mayor división social. Su propuesta de diálogo nacional busca crear espacios donde todas las fuerzas políticas y sociales puedan contribuir a soluciones duraderas.

La esperanza como virtud teológica y política

En su reflexión teológica, los obispos venezolanos distinguen entre optimismo superficial y esperanza cristiana auténtica. Mientras el optimismo puede ser desmentido por los hechos, la esperanza se fundamenta en la convicción de que Dios acompaña los procesos históricos y que el sufrimiento humano no es la palabra final de la historia.

Esta perspectiva de fe se traduce en iniciativas concretas: programas de atención a migrantes internos y en países de destino, redes de comedores populares, centros de atención médica primaria, programas educativos para jóvenes en situación de vulnerabilidad, y espacios de diálogo interreligioso e intercultural que fortalecen el tejido social.

Un mensaje de esperanza en tiempos complejos

La 125.ª Asamblea Plenaria de la CEV representa más que un encuentro administrativo: constituye un espacio de discernimiento pastoral para una Iglesia que acompaña a un pueblo en busca de horizontes de esperanza. Los obispos venezolanos, conscientes de su responsabilidad histórica, continúan apostando por caminos de diálogo y reconciliación que permitan la construcción de un futuro compartido para todos los venezolanos, sin exclusiones ni revanchismos.

Su llamado trasciende las fronteras nacionales, invitando a la comunidad internacional a acompañar procesos de solución pacífica y a los venezolanos en el exterior a mantener vínculos constructivos con su patria de origen. En un continente marcado por polarizaciones políticas crecientes, la voz episcopal venezolana se alza como testimonio de que es posible construir consensos desde los valores evangélicos de justicia, verdad, libertad y amor.

Como escribió el Papa Francisco en Fratelli Tutti: "La reconciliación es un proceso de purificación de la memoria que no implica el olvido, sino una liberación del peso del odio y de la venganza." Los obispos venezolanos, en su 125.ª Asamblea Plenaria, trabajan precisamente en esa dirección: construir memoria reconciliada que sea fundamento de esperanza renovada para su nación.

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