La pequeña localidad andaluza de Huércal-Overa se convirtió este sábado en el epicentro de la fe católica española, cuando miles de fieles se congregaron en el estadio municipal para presenciar la beatificación del sacerdote Salvador Valera López, conocido cariñosamente como "el Cura Valera". Este histórico evento transformó por completo la fisonomía de este municipio almeriense, que vio multiplicarse su población habitual por la masiva afluencia de peregrinos llegados desde toda España.
Una Celebración de Dimensiones Históricas
El estadio municipal de Huércal-Overa, bellamente adornado para la ocasión con motivos litúrgicos y flores típicamente andaluzas, acogió a más de 8,000 personas en una celebración que marcará para siempre la historia de esta localidad. En representación del Papa León XIV, presidió la solemne Misa de beatificación el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, quien viajó especialmente desde Roma para este momento tan esperado.
La ceremonia contó con la participación de numerosos obispos españoles, más de 200 sacerdotes y diáconos, así como representantes de las congregaciones religiosas que conocieron al nuevo beato. Entre los asistentes se encontraban también autoridades civiles de Andalucía y familiares del beato Salvador, algunos de los cuales aún conservan vivos recuerdos de su testimonio de fe.
Salvador Valera: Un "Evangelio Viviente"
En su homilía, el cardenal Semeraro describió a Salvador Valera como "un Evangelio viviente" que supo encarnar en su vida cotidiana el mensaje de Cristo. Nacido en 1900 en una familia humilde de la propia Huércal-Overa, el nuevo beato experimentó desde joven una profunda llamada al sacerdocio que lo llevó a entregarse completamente al servicio de Dios y de su pueblo.
Ordenado sacerdote en 1925, el padre Valera desarrolló su ministerio pastoral principalmente en las diócesis andaluzas, destacando por su incansable dedicación a los más necesitados y por su extraordinaria capacidad para acercarse a las personas de todas las condiciones sociales. Sus contemporáneos lo recordaban como un hombre de profunda oración, pero también de acción concreta en favor de los pobres y marginados.
Un Pastor en Tiempos Difíciles
El ministerio sacerdotal de Salvador Valera se desarrolló durante algunos de los períodos más convulsos de la historia española del siglo XX. Durante la Guerra Civil (1936-1939), el padre Valera demostró un valor excepcional al mantener viva la fe católica en su comunidad, arriesgando su propia vida para celebrar sacramentos en la clandestinidad y proteger a familias perseguidas por su fe.
Testigos de aquella época relatan cómo el futuro beato transformó su casa parroquial en un refugio para necesitados, sin distinción de ideologías políticas. Su caridad heroica se extendía tanto a huérfanos de guerra como a viudas sin recursos, ancianos abandonados y enfermos sin atención médica. Esta entrega total al prójimo se convirtió en el sello distintivo de su santidad.
Milagros y Testimonio de Fe
El proceso de beatificación, que culminó con esta celebración en Huércal-Overa, incluyó la verificación de un milagro atribuido a la intercesión del siervo de Dios Salvador Valera. Se trata de la curación inexplicable de una grave enfermedad que afectaba a una joven madre de familia, quien había invocado la intercesión del santo sacerdote tras agotar todas las posibilidades médicas.
Más allá del milagro oficialmente reconocido, numerosos testimonios recogidos durante el proceso diocesano dan cuenta de las múltiples gracias espirituales y materiales que los fieles han experimentado al invocar la intercesión del padre Valera. Estos testimonios provienen tanto de España como de otros países, especialmente de comunidades hispanoamericanas que han desarrollado una particular devoción hacia el nuevo beato.
Un Modelo de Santidad Andaluza
La beatificación de Salvador Valera representa un momento especialmente significativo para la Iglesia andaluza, que ve así reconocida oficialmente la santidad de uno de sus hijos más ilustres. El arzobispo de Granada, en cuya demarcación territorial se encuentra Huércal-Overa, expresó durante la ceremonia su gratitud por este "regalo del cielo" que fortalece la fe de toda la región.
El nuevo beato se suma así a la rica tradición de santos andaluces que han marcado la historia de la Iglesia católica, desde San Isidoro de Sevilla hasta San Juan de Ávila, pasando por Santa Ángela de la Cruz y San Manuel González García. Su ejemplo demuestra que la santidad puede florecer en cualquier época y lugar, incluso en los pueblos más pequeños de la geografía española.
Un Legado que Perdura
Tras su muerte en 1967, la memoria del padre Valera se mantuvo viva en Huércal-Overa y localidades cercanas, donde numerosas familias conservaban recuerdos, fotografías y objetos que habían pertenecido al santo sacerdote. Esta devoción popular fue precisamente lo que motivó el inicio del proceso de beatificación hace más de dos décadas.
La casa natal del beato Salvador ha sido convertida en un centro de peregrinación que ya recibe visitantes de toda España. Los responsables diocesanos han anunciado planes para crear un museo dedicado a su figura y para establecer rutas de peregrinación que conecten los principales lugares vinculados con su vida y ministerio.
Mensaje para la Iglesia Actual
El cardenal Semeraro destacó en su homilía que la beatificación de Salvador Valera llega en un momento providencial para la Iglesia española, que encuentra en su ejemplo un modelo de pastor según el corazón de Cristo. En tiempos marcados por la secularización y los desafíos pastorales contemporáneos, la figura del beato Salvador recuerda que la verdadera evangelización nace del testimonio personal y de la caridad concreta hacia los más necesitados.
Su festa litúrgica se celebrará cada 15 de septiembre, fecha de su nacimiento al cielo, convirtiendo esta jornada en una nueva oportunidad annual para que los fieles invoquen su intercesión y se inspiren en su ejemplo de vida cristiana radical y gozosa.
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