Imagina una situación, familiar para muchos, en la que una cristiana se te acerca después del culto y te pregunta si su grupo de discipulado puede celebrar la Cena del Señor juntos cuando se reúnen cada dos semanas en una cafetería. ¿Su motivo? Ella sirve en el ministerio infantil muchos primeros domingos, cuando la iglesia celebra la cena. En respuesta, expresas tus reservas: «El bautismo y la Cena del Señor pertenecen a la iglesia». «¡Exacto! Y todos somos miembros de la Iglesia con mayúscula», responde ella. Su intención es sincera y su pregunta es seria. En este punto, es posible que intuitivamente pienses que su petición no parece correcta.
Pero ¿serías capaz de explicar por qué basándote en las Escrituras?
A continuación, pretendo argumentar que las ordenanzas pertenecen a la iglesia local. Como tales, su ubicación más adecuada es en la iglesia local únicamente. Lo demostraré considerando qué son las ordenanzas y cómo aparecen en la Biblia. Luego, consideraré qué es la iglesia universal y cómo la identificamos en el espacio y el tiempo. Por último, consideraré algunas implicaciones que se derivan de esta descripción de las ordenanzas y concluiré el argumento.
El bautismo une a uno con muchos
El bautismo es un acto de obediencia para todo creyente. Jesús exige a Sus seguidores que se bauticen (Mt 28:19). Es el primer mandamiento que debe obedecer un nuevo cristiano. Pablo daba por sentado que todos los cristianos a los que escribía ya se habían bautizado (Ro 6:3-4). La asociación entre el bautismo y convertirse en cristiano es tan estrecha que Pedro y Lucas pueden usar uno para referirse al otro (Hch 2:38, 1 P 3:21).1
El bautismo es también la forma en que la fe se hace pública.2 Se ordena a las personas que vengan a Cristo tanto interiormente (Mt 11:28) como exteriormente (Hch 2:38). De hecho, «lo exterior declara lo interior».3 En otras palabras, convertirse en cristiano es siempre un acto personal, pero nunca privado (cp. Mt 10:32-33). Jesús quiere que nos arrepintamos, creamos y seamos sumergidos en agua. Él no solo se ha identificado con nuestra humanidad, sino que también ha dado ejemplo al ser bautizado (Mt 3:13-17). Al igual que nuestro Señor, debemos ser bautizados. En el Nuevo Testamento, el bautismo es la forma en que una persona se identifica con Jesús, se compromete con Él y es marcada por Él (cp. Ro 6:1-4; 1 Co 12:12-13; Gá 3:26-27; Col 2:11-12). Simplemente no hay otra manera de profesar la fe, identificarse con Jesús como Salvador (Gá 3:26-27),4 comprometerse a seguir a Jesús como Señor (1 P 3:21),5 y ser apartado del mundo (Ro 6:1-4).6
En el bautismo, una iglesia local afirma e identifica a un discípulo como alguien que pertenece a Cristo
Como tal, el bautismo une a un cristiano con un grupo de otros cristianos en una relación de iglesia. Significa que un cristiano pertenece al cuerpo de Cristo, la iglesia. En el bautismo, una iglesia local afirma e identifica a un discípulo como alguien que pertenece a Cristo, como uno de Sus seguidores. Por lo tanto, el bautismo es un acto de la iglesia.7 Por mucho que el bautismo sea un acto individual, también es un acto de la iglesia. A través del bautismo, una iglesia afirma y acepta supervisar el discipulado de un creyente a Cristo. Cuando se lleva a cabo un bautismo, la iglesia dice efectivamente: «Esta persona está con Jesús, como el resto de nosotros».8 En este punto, es importante reconocer que Jesús ha vinculado la autoridad declarativa de la iglesia al bautismo. Mateo 28:19 debe leerse en el contexto de Mateo 16:13-20 y 18:15-20. Jesús ha dado a una institución en la tierra la autoridad única de hablar en Su nombre, y ha vinculado el uso de las «llaves del reino» por parte de la iglesia al bautismo.9 Por lo tanto, el bautismo debe realizarse en el contexto de una iglesia local, ya que ha sido ordenado por Jesús para Su pueblo reunido.
La Cena del Señor hace de muchos uno solo
Mientras que el bautismo une a uno con muchos, la Cena del Señor hace de muchos uno solo. Nuestro Señor Jesús instituyó esta ordenanza cuando celebró la cena pascual con Sus discípulos y dijo: «hagan esto en memoria de Mí» (Lc 22:14-20; cf. 1 Co 11:23-25). La Cena del Señor es el cumplimiento de la Pascua, como la sombra de la sustancia.10 De una manera superior a la Pascua, la sangre de Jesús fue derramada por Su pueblo. Él bebió la copa de la ira de Dios, sufriendo la muerte en la cruz para que nosotros pudiéramos ser salvados. La Cena significa esta relación. Porque Jesús dijo: «Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado», y «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes» (Lc 22:19-20). Así, la Cena del Señor significa la sangre de Cristo que cubre a Su pueblo y el vínculo que Él crea entre los cristianos.
Sin una iglesia reunida, no hay Cena del Señor
La Cena del Señor es la proclamación colectiva de nuestro Cristo común y crucificado a través de comer y beber los elementos del pan y el vino. El apóstol Pablo habla exactamente de esta manera: «Puesto que el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; porque todos participamos de aquel mismo pan» (1 Co 10:17). Este es un texto fundamental para comprender la Cena.11 En la Cena, nos comprometemos nuevamente con Cristo y Su iglesia en amor mutuo, afirmación y supervisión. La Cena convierte a personas sin relación entre sí en una familia de pacto. Como tal, la Cena del Señor debe ser tomada colectivamente por una iglesia cuando se reúne como tal (cp. 1 Co 11:17, 18, 33-34). De hecho, Pablo llegó incluso a negar que los corintios estuvieran celebrando la Cena del Señor porque no esperaban a que todos estuvieran juntos (1 Co 11:20). Podríamos argumentar que, sin una iglesia reunida, no hay Cena del Señor.
La iglesia local identifica a la iglesia universal
La iglesia universal incluye a todos los redimidos por Cristo, es decir, a todos los cristianos de todos los lugares y de todos los tiempos. Eso significa que la iglesia universal incorpora la suma de los miembros regenerados de todas las iglesias locales verdaderas. Sin embargo, hasta el eschaton, la iglesia universal no puede ser vista. Es espiritual y, por lo tanto, invisible. Nuestro conocimiento y experiencia de la iglesia universal se transmiten a través del juicio de las iglesias locales. En resumen, las iglesias locales particularizan la iglesia universal. Si las iglesias locales utilizan la autoridad dada por Jesús en las llaves del reino, entonces las ordenanzas representan la manifestación visible de esa autoridad. En las ordenanzas, la iglesia universal se hace visible en las iglesias locales. Las ordenanzas hacen y marcan a la iglesia local como iglesia. Las ordenanzas son la conexión en el espacio y el tiempo entre las iglesias locales y la iglesia universal.
Una iglesia local es un grupo de cristianos que se reúnen regularmente en obediencia a la Palabra de Dios mientras esta es predicada, y que se distinguen del mundo por las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor. Por lo tanto, en un sentido importante, se necesita una iglesia para conocer a un cristiano. La vida cristiana se centra en la iglesia, y las ordenanzas dan forma y responsabilidad a la vida cristiana como una vida en comunidad, en una comunidad corporativa y de pacto. ¿Cómo? Porque identifican cuáles cristianos tienen obligaciones bíblicas regulares unos con otros. Una analogía puede ayudar a ilustrar este punto. ¿Tienen los pastores la misma obligación de supervisar y cuidar las almas de todos los cristianos en todas partes, o de una iglesia local (He 13:17)? De la misma manera, las ordenanzas marcan qué cristianos pertenecen a una iglesia local en particular.
Implicaciones para la observancia de las ordenanzas
De esta comprensión de la iglesia local como creada por las ordenanzas surgen algunas implicaciones.
En primer lugar, cualquier cosa que desvincule las ordenanzas de la membresía de la iglesia confunde el significado de los mandamientos de Cristo y la forma de la vida cristiana. Los bautismos en campamentos de verano, en viajes misioneros o en la piscina familiar oscurecen la realidad de que las ordenanzas pertenecen a la iglesia local.
Además, aunque hoy en día es popular manifestar la conversión levantando la mano, caminando por el pasillo o haciendo una oración, la forma bíblica de identificarse públicamente como cristiano es a través del bautismo. Puesto que el bautismo es una ordenanza de la iglesia, no de la familia, la práctica de que los padres bauticen a sus hijos —especialmente cuando el padre no es pastor ni la persona que normalmente bautiza— puede transmitir ideas erróneas sobre la salvación y la vida cristiana.
Las dos ordenanzas cristianas del bautismo y la Cena del Señor son insignias de pertenencia a la iglesia local
Aquellos que intentan celebrar la Cena del Señor en una boda o en un grupo pequeño enfrentan un desafío similar. Para que las ordenanzas se comprendan correctamente, toda la iglesia debe ser invitada genuinamente a reunirse para la ocasión. Las ordenanzas trazan una línea alrededor del grupo de cristianos que se reúnen regularmente, demarcándolos como una iglesia local. Debido a que las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor constituyen un grupo de cristianos como iglesia local, las ordenanzas pertenecen a la iglesia local como iglesia. En pocas palabras, llamamos «membresía de la iglesia» a aquello que las ordenanzas crean; es un término teológico para referirse a cómo las ordenanzas constituyen la iglesia local.
Conclusión: Las ordenanzas como “insignias de pertenencia” a la iglesia local
La seguridad estricta era parte integrante de mi primer trabajo remunerado. A todos los miembros de la empresa se les entregaba una tarjeta de identificación. Esta tarjeta identificaba al empleado como parte de la empresa. Permitía el acceso al edificio. Certificaba a la persona como representante oficial de la empresa. Estas tarjetas de identificación eran insignias de pertenencia. Todos los que pertenecían a la empresa tenían la tarjeta. Aunque yo era empleado antes de tener la tarjeta oficial, nadie más en la empresa podía saber que yo pertenecía a ella hasta que tuve esta marca de identidad pública.
De manera similar, las dos ordenanzas cristianas del bautismo y la Cena del Señor son insignias de pertenencia a la iglesia local. Participar en el bautismo y la Cena del Señor no convierte a alguien en cristiano. Sin embargo, estas insignias de pertenencia crean una nueva realidad social o eclesiástica. Es decir, las ordenanzas distinguen a un grupo de cristianos del mundo, convirtiéndolos juntos en una iglesia local. Son signos eficaces que crean la realidad común a la que apuntan.
En el bautismo, un cristiano se une a muchos otros cristianos. En la Cena del Señor, muchos cristianos se unen como una sola iglesia local. Por esta razón, estas ordenanzas pertenecen únicamente a la iglesia local.
Publicado originalmente en 9Marks.
">Coalición por el Evangelio.
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