La Iglesia católica en Tanzania y en el mundo entero llora la partida de un gigante espiritual. El cardenal Polycarp Pengo, quien durante casi tres décadas sirvió como arzobispo de Dar es Salaam, ha sido llamado a la casa del Padre a los 81 años de edad, dejando tras de sí un legado extraordinario de servicio pastoral y compromiso social que trasciende las fronteras de su querida África.
Una Vida Dedicada al Servicio
El jueves 19 de febrero de 2026 quedará marcado en el calendario de la Iglesia tanzana como el día en que partió hacia la eternidad uno de sus pastores más queridos y respetados. El cardenal Pengo falleció en el Jakaya Kikwete Cardiac Institute de Dar es Salaam, donde había estado hospitalizado, rodeado del cariño de su pueblo y la oración de toda la Iglesia universal.
Su muerte no marca el final de una era, sino la culminación de una vida vivida en plenitud evangélica. Como nos recuerda San Pablo en su carta a Timoteo: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia" (2 Timoteo 4:7-8). El cardenal Pengo puede decir con toda certeza que peleó la buena batalla.
Constructor de Puentes en Tiempos de División
Durante sus casi tres décadas como arzobispo de Dar es Salaam, el cardenal Pengo no fue simplemente un administrador eclesiástico, sino un verdadero constructor de puentes en una sociedad marcada por profundos cambios sociales y tensiones étnicas. Tanzania, como muchas naciones africanas, enfrentó durante estas décadas desafíos enormes en su proceso de consolidación nacional, y la Iglesia bajo el liderazgo de Pengo se convirtió en un punto de referencia fundamental para la unidad y la reconciliación.
Su compromiso contra los tribalismos no fue meramente político, sino profundamente evangélico. Entendía que el mensaje de Cristo trasciende todas las divisiones humanas y que la Iglesia debe ser sacramento de unidad para toda la humanidad. Como nos enseña San Pablo: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28).
Un Campeón de la Justicia Social
El cardenal Pengo comprendió desde el inicio de su ministerio episcopal que la evangelización auténtica no puede separarse del compromiso por la justicia social. En un continente marcado por la pobreza, la desigualdad y frecuentes conflictos, su voz se alzó constantemente en defensa de los más vulnerables y marginados de la sociedad.
Su lucha por la justicia social no fue una actividad secundaria o opcional en su ministerio pastoral, sino el corazón mismo de su comprensión del Evangelio. Sabía que no se puede anunciar creíblemente el Reino de Dios mientras se ignoran las condiciones inhumanas en las que viven millones de personas. Su testimonio encarna la enseñanza del profeta Isaías: "¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados?" (Isaías 58:6).
Un Pastor Según el Corazón de Cristo
Quienes conocieron personalmente al cardenal Pengo testifican unánimemente sobre su carácter pastoral genuino. No era un príncipe de la Iglesia distante y ceremonioso, sino un pastor que conocía a sus ovejas por su nombre y que se preocupaba por sus necesidades concretas. Su estilo de liderazgo reflejaba la enseñanza del Señor Jesús: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11).
Esta cercanía pastoral se manifestó especialmente en su atención a los jóvenes, a las familias en dificultad y a todos aquellos que se sentían marginados por la sociedad o incluso por sectores de la propia Iglesia. Su ministerio fue un testimonio viviente de que la Iglesia es verdaderamente la casa de todos, especialmente de los más pequeños y necesitados.
Consolidador de la Iglesia Africana
El cardenal Pengo desempeñó un papel fundamental en la consolidación de la Iglesia católica en el este de África durante un período crucial de su desarrollo. Bajo su liderazgo, la arquidiócesis de Dar es Salaam no solo creció numéricamente, sino que se fortaleció institucional y espiritualmente, convirtiéndose en un modelo para otras iglesias locales del continente.
Su visión pastoral combinaba sabiamente la fidelidad a la tradición católica universal con una profunda inculturación del mensaje evangélico en el contexto africano. Comprendía que la Iglesia debe echar raíces profundas en cada cultura para poder dar frutos abundantes. Como el grano de trigo del Evangelio, sabía que era necesario morir a ciertos esquemas importados para que pudiera nacer una Iglesia verdaderamente africana y auténticamente católica.
Un Legado Que Perdura
La muerte del cardenal Pengo deja un vacío enorme en la Iglesia tanzana, pero también deja un legado extraordinario que continuará dando frutos durante muchas generaciones. Las instituciones que fundó, las estructuras pastorales que consolidó, los líderes que formó y, sobre todo, el ejemplo de vida cristiana auténtica que ofreció, constituyen un patrimonio invaluable para la Iglesia en África y en el mundo entero.
Su testimonio recuerda a todos los pastores de la Iglesia que la verdadera grandeza no se mide por los honores recibidos o los cargos desempeñados, sino por la fidelidad en el servicio humilde y constante al pueblo de Dios. Como enseñó el Señor Jesús: "El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será esclavo de todos" (Marcos 10:43-44).
Una Intercesión Desde el Cielo
Los fieles de Tanzania y de todo el mundo pueden estar seguros de que el cardenal Pengo, que tanto luchó por la paz y la justicia en esta tierra, ahora intercede desde el cielo por todas las causas que fueron queridas a su corazón pastoral. Su muerte no es una pérdida definitiva, sino una promoción a una forma más alta de servicio a la Iglesia y a la humanidad.
En estos días de dolor por su partida, resuena en nuestros corazones la certeza expresada por San Pablo: "Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos" (2 Corintios 5:1). El cardenal Pengo ha llegado ya a esa casa eterna que el Señor tiene preparada para sus fieles servidores.
Su memoria permanecerá como bendición y su ejemplo continuará inspirando a pastores y fieles en la construcción de una Iglesia más justa, más unida y más fiel al Evangelio de Jesucristo.
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