Siempre quise tomar unas vacaciones en uno de esos hoteles «todo incluido» a la orilla de alguna playa paradisíaca de mar turquesa, para sumergirme en sus aguas y que mi mayor preocupación fuera dejar espacio para el segundo postre y decidir cuál silla reclinable escoger. ¡Por fin llegó el día en que pude! O eso pensé.
Con la ayuda de una amiga, cuyo ministerio secundario es buscarte las mejores gangas y verte feliz mientras compras boletos aéreos, escogí Cabo San Lucas, aprovechando la oportunidad para visitar a mi hija que estaba estudiando cerca de allí. Emprendimos el viaje a México con mi hija más pequeña y, al reunirnos con su hermana, estábamos listas para disfrutar de nuestra aventura.
Llegamos al lugar y pregunté si era el lugar correcto, porque por el precio esperaba algo más modesto. Sin embargo, mi nombre aparecía en la lista de recepción. ¡Qué maravilla! ¡Estábamos por gozar unas vacaciones tal y como las había soñado! Excepto que… la playa era solamente para ver.
Estaba prohibido, por seguridad, bañarse en ese lado de la costa de Cabo.
Ajustando las expectativas… Creo que la señora que me dio estas noticias oyó cómo los pedazos de mi corazón roto caían al suelo y, para barrerlos, me informó que podíamos ir a una playa pública cercana caminando. Suspiré. El lugar era hermoso, contenía mucho para disfrutar y, sin embargo, tuve que ajustar mis expectativas, porque mi deseo más grande por el cual había escogido ese lugar no iba a ser satisfecho.
Hubiera querido saberlo antes, «acceso a la playa» no es sinónimo de «poder bañarme en ese mar», como yo imaginaba.
Nuestra adopción terrenal debe ser producto de comprender, o al menos comenzar a comprender, cómo Dios nos ha recibido en Cristo
Así pasa también con la crianza, con todo tipo crianza, pero especialmente con la que se hace después de la adopción. En el mejor de los casos, uno lee sobre duelo infantil, toma cursos sobre cuidado competente en trauma y escucha historias de otros con atención. En el peor de los casos, vemos Anita la huerfanita, llenamos la papelería para adoptar y asumimos que, en este nuevo capítulo, nuestro amor e ilusión serán el antídoto que borre para siempre todo historial triste de nuestro hijo adoptado.
Adoptar muchas veces es como hacer un bello recorrido a la playa, pero no siempre sucede como lo planeaste. Con la meta de ayudarte a ajustar mejor las expectativas sobre la adopción, quiero compartirte seis verdades que quisiera que todo padre comprendiera, idealmente antes de emprender su viaje.
1. La adopción comienza en el corazón de Dios Antes de ser un acto humano, la adopción es un acto divino. Si eres cristiano, puedes saber que la adopción en este mundo refleja una realidad espiritual: fuimos adoptados por Dios.
Así que, si estás contemplando adoptar y quieres hacerlo piadosamente, necesitas ser intencional en aprender a deleitarte en la hermosa historia de cómo llegaste a ser hijo o hija del Señor del universo en Jesucristo, por medio de sumergirte constantemente en la Palabra. Esto no solo será útil para tener respuestas a las preguntas que surgirán en el proceso, sino que será de ayuda especialmente para asombrarte, enternecerte y afianzar tu convicción de dar este paso familiar tan monumental.
Te animo a comenzar estudiando pasajes como Efesios 1, Romanos 8 y Gálatas 4.
Nuestra adopción terrenal debe ser producto de comprender, o al menos comenzar a comprender, cómo Dios nos ha recibido en Cristo.
2. La adopción nace de una pérdida Con todo el gozo que como padre se vive en el proceso de adoptar, es posible olvidar que nuestro hijo adoptado carga con una larga historia de pérdidas. La más obvia es la de perder a su madre biológica, la cual es quizás la separación más profunda que haya experimentado, y sin embargo no es la única.
Suele requerir mucho tiempo llegar a tener un panorama familiar amplio de nuestro hijo, el cual nos provee una mejor claridad sobre otras de sus pérdidas. Ningún niño carece de árbol genealógico. Nuestro encuentro con él o ella es como recoger una «ramita rota», pero cada niño viene de un gran árbol. Existe el papá, los tíos, los primos, los abuelos. Y, luego, si fue institucionalizado, ¿cuántos cuidadores fueron y vinieron? ¿Cuántos adultos pasaron por sus vidas y desaparecieron? Reconocer esas heridas y pérdidas es parte elemental de honrar su dignidad y posibilitar su sanidad mientras buscamos reflejar al Padre de toda consolación (cp. 2 Co 1:3-7).
3. El amor no borra el trauma de inmediato Recuerdo a una mamá que me decía con frustración: «Yo sé que sufrió, pero ya está a salvo y no tiene por qué comportarse así». Eso es lo cruel del trauma: se enreda profundamente en nuestras mentes y cuerpos, engañándonos y detonando reacciones involuntarias en uno cada vez que percibe peligro.
Como padre por adopción necesitas aprender destrezas, desaprender viejos patrones y orar sabiendo que Dios tiene la capacidad de sanar todas las heridas
Un niño que ha pasado adversidad (incluso en el útero) necesita un ambiente con respuestas consistentes de amor, seguridad y calma de parte de adultos maduros, para ir poco a poco desarmando la respuesta automática que lo mantiene en modo de supervivencia. Creo que es importante que comprendamos que amar a nuestro hijo adoptado no elimina automáticamente su dolor, pero también que la afirmación constante que dice «Estás seguro conmigo» va creando nuevos caminos neuronales y abriendo paso a nuevos comportamientos.
Por lo general, las heridas llegan por malas relaciones con personas y sanan a través de buenas relaciones con personas. La paciencia, la seguridad y la constancia son formas de amor que sanan. Así que necesitarás aprender estas destrezas, desaprender viejos patrones de enseñanza y orar sabiendo que Dios tiene la capacidad de sanar todas las heridas (cp. Col 3:8-17): unas mientras estemos en este mundo y otras cuando veamos a Jesús cara a cara.
4. La esperanza eterna nos sostiene en lo cotidiano Habrá momentos de rechazo, frustración y cansancio en ambas partes involucradas, porque aprender a ser familia, yendo contra la corriente de este mundo, es un camino estrecho y empinado. Pero la certeza de que Dios no se rinde con nosotros nos da fuerzas para no rendirnos con ellos.
Aquí es donde revisar nuestras motivaciones se hará imperativo, porque si nuestra esperanza es cumplir nuestros sueños de ser una familia perfecta con niños bien portados que ganan todos los premios, estamos anotándonos a la maratón equivocada. No estoy diciendo que todos nuestros niños de orígenes difíciles sean catalogados como «problemáticos», pero sí estoy diciendo que estarás dando la bienvenida a vidas que el diablo casi mastica, por lo que la guerra espiritual que enfrentarás será más intensa de lo que quizás presupones.
Tener una mirada a largo plazo se hará necesario, para que, teniendo perspectiva eterna (Col 3:1-4), hallemos propósito y belleza en las cosas «pequeñas» de la vida, donde se libra una verdadera pelea.
5. Necesitas a tu tribu Sí, necesitarás profesionales y consejeros conocedores en este tema para navegar cuestiones específicas, pero tu comunidad de fe o iglesia local es aún más importante para cumplir con tu misión como madre o padre por adopción.
Tu comunidad de fe o iglesia local es importante para cumplir con tu misión como madre o padre por adopción
Dios no solo te adopta como hijo o hija, sino que también te da una familia espiritual: hermanos y hermanas en Cristo que están llamados a caminar contigo y tu familia. No todos fuimos llamados a adoptar, pero todos somos llamados a llevar las cargas los unos de los otros y a perseverar juntos (Gá 6:2).
Si algo puedo asegurarte es esto: nuestro Dios nos llama a hacer Su voluntad y nos provee de todo lo necesario para lograrlo, incluyendo ese círculo seguro para llorar, celebrar, ventilar y tener silencios cómodos cuando no haya nada qué decir.
Además, puedes considerar unirte a un grupo de apoyo virtual gratuito como el de la Alianza Cristiana para los Huérfanos.
6. La meta no es una familia perfecta, sino un evangelio visible La adopción no debe ser un proyecto social, sino reflejar el corazón de Dios. Al agrandar con fe nuestras familias a través de la adopción es posible desplegar un amor que no se genera en nuestras fuerzas y que apunta al Amor que escogió dejar el trono para llevarnos a Su casa y darnos la herencia que le pertenecía, porque se deleita en mostrar misericordia y redención (Ef 1:3-14).
Como lo anoté en la dedicatoria de Para Siempre: «El fin de la adopción no es producir una escena de película, sino más bien, correr fielmente con los ojos puestos en Cristo, porque Él es digno, pase lo que pase».
Adoptar no es una vacación soñada. Es mejor. ¿Recuerdas mi aventura en Cabo? Contemplé el mar turbulento, desde esa playa quebrada en la que habían señales de advertencia. Era hermoso, imponente e inaccesible. No pude disfrutarlo como inicialmente deseaba, pero caminé con mis hijas por otro lado, a una playita de agua calmada y, junto a otro montón de familias, vendedores ambulantes y perros callejeros relajados, rentamos nuestra sombrilla de playa, conversamos a gusto dentro del agua y nos fijamos en toda la vida afuera de ese hotel. Nos sumergimos en ese mismo mar, pero de otra manera.
Muy posiblemente la historia de adopción en tu familia lucirá diferente a tus expectativas iniciales, pero puedo asegurarte que toda historia generada en el corazón de Dios es maravillosa, tiene ganancia eterna y cuenta con la garantía de Su presencia en cada paso.
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