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¿Reconoces a Jesús como el «Señor del sábado»?

¡Qué alegría cuando llega el sábado! En nuestra cultura, donde predomina una semana de trabajo de lunes a viernes, el sábado es sinónimo de fin de semana, de descanso, de tiempo libre y en familia. Para los cristianos también es un día de preparación para adorar al Señor al día siguiente (pues históricamente la iglesia ha reconocido el domingo como el día de reposo apropiado luego de la resurrección de Cristo).

¿Reconoces a Jesús como el «Señor del sábado»?
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La Biblia habla mucho sobre el sabbat, palabra hebrea que se traduce como sábado o «día de reposo» en la mayoría de las versiones en español. Sin embargo, su significado en la cultura judía de los tiempos bíblicos es mucho más profundo, algo que muchas veces pasamos por alto.

Por eso me parece enriquecedor que podamos explorar este concepto bíblico y el impacto que tiene en la vida cristiana. Haré esto desde la perspectiva de la escatología inaugurada, es decir, desde la convicción de que Jesús es el centro de la Escritura (Jn 5:39) y en Él se cumplen todas las promesas del Antiguo Testamento, aunque todavía esperamos la consumación de los tiempos.

En resumen, quiero demostrar el carácter cristocéntrico del sábado, al dar una mirada breve al relato de la creación y la ley de Moisés, para entonces considerar algunas implicaciones que este asunto tiene para los cristianos hoy.

El sábado en el Antiguo Testamento La primera aparición en la Biblia del sábado está en el relato de la creación. Luego de crear todo, Dios reposó el séptimo día, lo bendijo y santificó (Gn 2:1-3). A diferencia de los días anteriores de la creación, cuya narración cierra con la frase «Y fue la mañana y la tarde» (p. ej. Gn 1:5), en el séptimo día no aparece esta expresión. Esto nos prepara para la idea de que este día de reposo estaba destinado a ser un periodo de deleite sin fin entre el Señor y Su creación.

Sin embargo, aunque Dios creó todo bueno en gran manera, el relato toma un giro trágico. La humanidad se rebela contra el propósito del Señor y es expulsada de la presencia de Dios. Así es como el dolor, la muerte y la maldición entran al mundo, y la comunión entre Dios y la humanidad queda interrumpida. Esto pone una pausa abrupta al séptimo día y se bloquea el acceso para disfrutar de la presencia de Dios (Gn 3:22-24).

El tiempo pasa y Dios vuelve a morar con Su pueblo, primero en el tabernáculo y luego en el templo. Sin embargo, para hacer posible este bendito privilegio es necesario que Israel viva moral y ceremonialmente limpio (Dt 23:13-14). De esta manera, guardando el Sabbat, vuelve a ser posible un reposo para adorar, disfrutar y tener comunión con Dios, pero se requiere de varios ritos de limpieza y purificación, porque Él es santo y el ser humano no.

El día de reposo estaba destinado a ser un periodo de deleite sin fin entre el Señor y Su creación

Además, lo que fue pensado como un placer para el ser humano se convierte entonces también en un deber. La dimensión eterna del séptimo día, donde Dios y el ser humano tendrían comunión plena, queda reducido a un día a la semana de carácter obligatorio y, dentro de la comunidad del pacto, se demanda la muerte para quien no lo obedezca (Éx 31:15).

Así podemos ver que, en el Antiguo Testamento, detrás del sabbat hay un principio teológico fundamental: el ser humano fue creado para dar gloria a Dios (Is 43:7). Esta es la meta de la creación que quedó interrumpida por la rebelión humana, y el descanso israelita apuntaba a esta misma verdad. El mandamiento de guardar el sabbat consistía en descansar de toda obra para dedicarse a adorar y tener comunión con el Señor. De esta manera el pueblo de Dios podía experimentar, al menos una vez por semana, lo que estaba supuesto a ser una realidad continua.

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El Señor del sábado Muchos años después se desarrolla el ministerio de Jesús, quien tuvo varias discusiones con los líderes religiosos de Israel sobre el verdadero sentido del sabbat. Tal vez el más significativo aparece en el Evangelio de Marcos.

Los discípulos de Jesús arrancan espigas en el día de reposo, lo que provoca el cuestionamiento de los fariseos: «Mirá, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo?» (Mr 2:24). Entonces Jesús explica el sentido del día de reposo y llega a Su argumento central: «El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo» (v. 27b-28).

Jesús se refiere a que el mandamiento de la ley sobre guardar el séptimo día de forma obligatoria no fue dispuesto para cumplir con una formalidad legal y nada más. El mandamiento apuntaba a resguardar el privilegio de disfrutar la comunión con Dios, al menos una vez a la semana. Sin embargo, los fariseos habían convertido el mandamiento en un fin en sí mismo, olvidando su propósito.

Si el sabbat —que implica adorar y disfrutar a Dios— forma parte del propósito para el cual el ser humano fue creado; y si Cristo es el objeto de nuestra adoración —porque en Él conocemos a Dios—, entonces ahora entendemos que Jesús (el Hijo del Hombre) es Señor del día de reposo. En Él encontramos el verdadero descanso, la verdadera comunión con Dios, el verdadero deleite en Dios. Con razón Jesús dice: «Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar» (Mt 11:28).

En Cristo volvemos a disfrutar del verdadero propósito del séptimo día de la creación: la comunión con Dios

El apóstol Pablo también enseña esto cuando nos recuerda que los que han recibido a Cristo son herederos de todas las promesas del Antiguo Testamento, gracias a la obra redentora de Jesús (Col 2:6-23). En Cristo hemos recibido la promesa del verdadero reposo en este mundo, mientras esperamos el reposo eterno en la nueva creación. Por esto mismo Pablo puede afirmar que nadie puede juzgar a los creyentes en Cristo en cuanto al día de reposo, entre otras cuestiones (vv. 16-19).

También el autor de Hebreos insta a sus lectores a entrar por la fe a este reposo superior al día de reposo judío (He 4:11-13), pues el reposo es Cristo. Nuestro corazón encuentra el descanso para el cual fuimos creados cuando, por medio de la Palabra, creemos en la obra redentora de Cristo, retenemos nuestra profesión y perseveramos hasta el final.

Disfruta del sábado A la luz de lo que he desarrollado, mi convicción es que los cristianos no tenemos necesidad de guardar un día específico en la semana como sucedía en el Antiguo Testamento. La obra expiatoria de Cristo nos da la capacidad de vivir en esta tierra reposando en Él. En medio de las luchas y vicisitudes que atravesamos en esta vida, sabemos que nuestro reposo está asegurado y que tenemos acceso a Él en todo momento.

En Cristo volvemos a disfrutar del verdadero propósito del séptimo día de la creación: la comunión con Dios. Esta es también la razón por la cual nosotros hoy podemos convertir en sabbat cualquier día de la semana. Sin embargo, todavía anhelamos y anticipamos la realidad eterna del descanso escatológico, el cual será realidad cuando estemos delante del trono del Cordero adorando para siempre. ¡Qué alegría cuando llegue ese sábado!


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