En las universidades de toda América Latina, jóvenes como Patricia de Buenos Aires se enfrentan diariamente a preguntas sobre identidad que generaciones anteriores nunca tuvieron que considerar. Patricia, estudiante de psicología, ve cómo algunos de sus compañeros cuestionan no solo quiénes son, sino qué son en términos de género y sexualidad.
La cultura moderna presenta la identidad como algo fluido, autodeterminado y basado principalmente en sentimientos internos. Según esta perspectiva, cada persona tiene la autoridad final para definir su propia identidad, incluso si contradice realidades biológicas evidentes.
Para los cristianos, esta tendencia plantea preguntas profundas: ¿Qué dice la Biblia sobre la identidad? ¿Cómo debemos responder con amor y verdad a quienes experimentan confusión sobre su género? ¿Es posible mantener convicciones bíblicas mientras mostramos compasión genuina?
El Fundamento Bíblico de la Identidad
Génesis 1:27 establece una verdad fundamental: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó". Esta declaración no es simplemente biológica, sino teológica. Revela que la distinción entre hombre y mujer forma parte del diseño intencional de Dios y refleja aspectos de Su naturaleza.
En la cosmovisión bíblica, nuestra identidad más profunda no se deriva de nuestros sentimientos o deseos internos, sino de nuestra relación con nuestro Creador. Somos, ante todo, seres creados a imagen de Dios, llamados a reflejar Su gloria en nuestras vidas.
"Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras" (Salmo 139:13-14)
Los Sentimientos Como Guía: Un Análisis Crítico
La filosofía moderna occidental ha elevado los sentimientos y percepciones subjetivas al nivel de verdad absoluta. Sin embargo, las Escrituras nos enseñan que "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9).
Esto no significa que los sentimientos sean irrelevantes o que debamos ignorarlos. Los sentimientos son reales y a menudo señalan necesidades legítimas o dolor que requiere atención. Pero en una cultura caída, nuestros sentimientos pueden estar influenciados por heridas, traumas, expectativas sociales distorsionadas o mentiras que hemos creído sobre nosotros mismos.
El Peligro de los Estereotipos Rígidos
En muchas familias latinoamericanas tradicionales, existen expectativas muy específicas sobre cómo deben comportarse los hombres y las mujeres. Los niños que muestran sensibilidad pueden ser etiquetados como "poco masculinos", mientras que las niñas independientes pueden ser vistas como "demasiado masculinas".
Estos estereotipos culturales rígidos pueden causar gran confusión en jóvenes que no encajan perfectamente en estos moldes. Algunos pueden concluir erróneamente que si no se ajustan a los estereotipos de su sexo, entonces deben ser del sexo opuesto.
La verdad bíblica es que Dios creó una amplia diversidad dentro de la masculinidad y la feminidad. David era tanto un guerrero valiente como un poeta sensible. Débora fue una líder fuerte sin dejar de ser una mujer íntegra según el diseño de Dios.
Compasión Sin Compromiso
La iglesia enfrenta el desafío de responder a las personas que experimentan disforia de género con amor genuino sin comprometer la verdad bíblica. Esto requiere sabiduría, paciencia y un corazón pastoral.
María, una consejera cristiana de Santiago de Chile, relata cómo trabajó con Carlos, un adolescente que se sentía confundido sobre su identidad de género. En lugar de simplemente afirmar o negar sus sentimientos, María le ayudó a explorar las raíces de su confusión: bullying por su sensibilidad, ausencia del padre, y mensajes culturales tóxicos sobre la masculinidad.
"No se trataba de negar sus sentimientos, sino de ayudarle a entender de dónde venían y encontrar su verdadera identidad en Cristo", explica María.
La Identidad en Cristo: Nuestro Fundamento Seguro
Para el cristiano, la pregunta fundamental no es "¿Cómo me siento?" sino "¿Quién dice Dios que soy?". Nuestra identidad primaria se encuentra en ser hijos e hijas de Dios, redimidos por la sangre de Cristo y llamados a Su propósito eterno.
Esta identidad en Cristo no anula nuestra identidad como hombres y mujeres, sino que la enmarca y le da significado. Somos hombres cristianos o mujeres cristianas, cada uno llamado a reflejar la gloria de Dios de maneras únicas que honran Su diseño.
El Proceso de Transformación
Romanos 12:2 nos llama a "no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".
Esta transformación incluye permitir que Dios renueve nuestra comprensión de la identidad, la sexualidad y el género según Sus propósitos originales. Es un proceso que requiere tiempo, oración, comunidad cristiana y a menudo ayuda profesional cuando hay traumas o heridas profundas.
Respondiendo con Gracia y Verdad
Jesús nos mostró cómo combinar perfectamente la gracia y la verdad (Juan 1:14). En nuestras interacciones con personas que experimentan confusión de género, debemos seguir Su ejemplo.
Esto significa:
Escuchar con empatía: Reconocer el dolor real y la confusión sin minimizar la experiencia de la persona.
Hablar con amor: Evitar el sarcasmo, la burla o el desprecio. Nuestras palabras deben reflejar el corazón compasivo de Cristo.
Ofrecer esperanza: Presentar la verdad bíblica como liberación, no como condena. Dios ofrece sanidad, propósito e identidad segura en Él.
Buscar ayuda profesional: Reconocer cuándo se necesita intervención de consejeros cristianos capacitados o profesionales de salud mental que honren los principios bíblicos.
El Amor Como Motivación
Nuestra posición sobre estos temas debe estar motivada por el amor genuino, no por el prejuicio o el temor. Como dice Pablo en Efesios 4:15, debemos "hablar verdad en amor". Esto significa cuidar lo suficiente sobre las personas como para no afirmar aquello que creemos les hará daño a largo plazo.
El amor verdadero busca el bien eterno de la persona, no simplemente su comodidad temporal. Así como no afirmaríamos a alguien con anorexia en sus percepciones distorsionadas sobre su cuerpo, no podemos afirmar perspectivas sobre identidad de género que contradicen el diseño de Dios.
Esperanza para el Futuro
En medio de la confusión cultural sobre identidad y género, los cristianos tenemos el privilegio de ofrecer algo que el mundo no puede: identidad segura y permanente en Cristo. Esta identidad no depende de nuestros sentimientos fluctuantes o las definiciones cambiantes de la cultura, sino en la palabra inmutable de Dios.
Para quienes luchan con estas preguntas, existe esperanza real de sanidad, claridad y paz. Dios puede restaurar la comprensión correcta de Su diseño y propósito para nuestras vidas, incluyendo nuestra identidad como hombres y mujeres creados a Su imagen.
La iglesia tiene la oportunidad de ser un lugar de refugio y restauración para todos los que buscan verdad e identidad genuina. En un mundo de confusión, podemos ofrecer la claridad y seguridad que solo se encuentra en Cristo.
Commentaires