En cada noticiario, las imágenes se repiten con monotonía aterradora: hospitales bombardeados, médicos huyendo, niños desnutridos, ancianos sin medicamentos. La guerra moderna no solo mata soldados; devora civilizaciones enteras, empezando por su sistema de salud. Como cristianos, no podemos permanecer indiferentes ante esta realidad que contradice frontalmente el mandato bíblico de sanar a los enfermos (Mateo 10:8).
En América Latina conocemos las secuelas duraderas de la violencia. Los conflictos armados en Colombia, Guatemala, El Salvador y Nicaragua no solo dejaron muertos; dejaron sistemas de salud devastados, generaciones traumatizadas, y comunidades donde la desconfianza se volvió endémica. La guerra es, literalmente, "el atentado más absurdo contra la vida".
El Ministerio De Sanidad De Jesús
Jesús dedicó gran parte de su ministerio terrenal a sanar enfermos. Los evangelios registran múltiples ocasiones donde "sanó a todos los que estaban oprimidos" (Hechos 10:38). Esta dimensión de su obra no era secundaria; era central. La sanidad física apuntaba hacia una realidad espiritual más profunda: Dios desea la plenitud de vida para toda su creación.
Cuando vemos sistemas de salud destruidos por la guerra, estamos presenciando la antítesis del ministerio de Cristo. Donde Él trajo sanidad, la guerra trae enfermedad. Donde Él restauró la esperanza, la guerra siembra desesperación. Donde Él unió comunidades, la guerra las fragmenta. Esta contradicción debe movernos a la acción.
La Iglesia Como Hospital De Campaña
Durante los peores años del conflicto colombiano, las iglesias rurales se convirtieron en refugios de emergencia. Pastores sin entrenamiento médico formal aprendieron primeros auxilios. Congregaciones enteras se organizaron para recibir desplazados. Templos se transformaron en centros de distribución de medicamentos. La iglesia se convirtió en lo que el Papa Francisco llamó "un hospital de campaña".
Esta respuesta no fue casual; fue profética. Cuando las instituciones oficiales fallan, la iglesia debe llenar el vacío. Cuando los sistemas de salud colapsan, los cristianos debemos ser instrumentos de sanidad. Como enseñó Santiago: "Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?" (Santiago 2:15-16).
Sanidad Integral: Cuerpo, Alma Y Espíritu
La guerra no solo hiere cuerpos; traumatiza almas. En Guatemala, después de décadas de conflicto armado, organizaciones cristianas desarrollaron programas innovadores de sanidad emocional para víctimas de violencia. En El Salvador, iglesias pentecostales crearon centros de rehabilitación para ex-combatientes. En Nicaragua, comunidades cristianas establecieron programas de reconciliación entre antiguos enemigos.
Esta aproximación integral refleja la comprensión bíblica del ser humano. No somos solo cuerpos que necesitan medicina; somos almas que necesitan sanidad espiritual. Pablo oró: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tesalonicenses 5:23). La sanidad verdadera abarca todas las dimensiones de la persona.
La Prevención Como Misión
Más importante que sanar heridas de guerra es prevenir las guerras mismas. Aquí es donde la iglesia latinoamericana ha mostrado un liderazgo excepcional. En Colombia, las comisiones de paz intereclesiásticas mediaron entre grupos armados cuando el gobierno no podía. En México, pastores evangélicos han arriesgado sus vidas para mediar entre carteles rivales. En Venezuela, iglesias han organizado programas de alimentación para prevenir la violencia social.
Esta función peacemaking (construcción de paz) tiene raíces bíblicas profundas. Jesús declaró: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9). No dijo "bienaventurados los pacíficos", sino "los pacificadores" - aquellos que activamente construyen paz donde hay conflicto.
Los Niños Como Prioridad
Las estadísticas son devastadoras: en contextos de guerra, la mortalidad infantil se dispara, la desnutrición se vuelve endémica, y enfermedades prevenibles reaparecen con fuerza. Pero para los cristianos, estas no son solo estadísticas; son rostros de niños creados a imagen de Dios.
En Honduras, donde la violencia urbana alcanza niveles de guerra civil, iglesias evangélicas han establecido orfanatos, centros nutricionales, y clínicas pediátricas. En Haití, después del terremoto, denominaciones cristianas de toda América Latina enviaron equipos médicos especializados en trauma infantil. En cada caso, la motivación fue la misma: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos" (Mateo 19:14).
Tecnología Y Solidaridad
La tecnología moderna ofrece nuevas oportunidades para el ministerio de sanidad. Iglesias en Argentina han desarrollado sistemas de telemedicina para alcanzar comunidades rurales aisladas. Congregaciones en Brasil usan aplicaciones móviles para coordinar donaciones de medicamentos. Pastores en México utilizan redes sociales para conectar pacientes necesitados con profesionales de la salud cristianos dispuestos a servir gratuitamente.
Esta creatividad tecnológica refleja el ingenio cristiano para encontrar nuevas formas de amar al prójimo. Como enseñó Pablo: "A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos" (1 Corintios 9:22). Si la tecnología puede multiplicar nuestro impacto sanitario, debemos usarla sabiamente.
La Esperanza Escatológica
Los profetas del Antiguo Testamento visionaron un tiempo cuando "no habrá más llanto ni clamor ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21:4). Juan complementó esta visión: "Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán" (Apocalipsis 22:3).
Esta esperanza escatológica no nos hace pasivos ante el sufrimiento presente; nos moviliza. Porque sabemos que la sanidad completa vendrá, trabajamos incansablemente por la sanidad parcial que podemos lograr ahora. Porque sabemos que habrá un mundo sin guerras, luchamos contra las guerras actuales. Porque sabemos que Cristo traerá paz perfecta, construimos pazas imperfectas pero reales en nuestras comunidades.
El Llamado A La Acción
Cada congregación cristiana en América Latina puede contribuir al ministerio de sanidad. Las iglesias urbanas pueden organizar brigadas médicas para barrios marginales. Las iglesias rurales pueden establecer botiquines comunitarios. Las iglesias prósperas pueden subsidiar tratamientos médicos para hermanos necesitados. Las iglesias pequeñas pueden especializarse en apoyo emocional y espiritual.
El tamaño de la congregación no importa; importa el corazón. Como observó la viuda que dio sus dos blancas (Lucas 21:1-4), Dios valora la generosidad proporcional, no la cantidad absoluta. Una iglesia de 20 miembros que organiza una jornada mensual de medicina preventiva está haciendo reino tanto como una megaiglesia que construye un hospital.
En un mundo desgarrado por guerras absurdas que destruyen la salud física, emocional y espiritual de millones, los cristianos tenemos tanto el privilegio como la responsabilidad de ser agentes de sanidad. Que nuestras iglesias sean conocidas no solo por sus sermones, sino por sus servicios médicos. Que nuestras comunidades sean reconocidas no solo por su ortodoxia, sino por su ortopráctica del amor sanador.
Porque al final, como nos recuerda Juan: "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo" (1 Juan 2:6). Y Jesús anduvo sanando a todos los oprimidos por el diablo. En un mundo enfermo de guerra, esa sigue siendo nuestra misión.
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