La disciplina eclesiástica es necesaria y de primer orden para la sanidad del cuerpo de Cristo. Desde el principio vemos como Dios instituyó en su iglesia la disciplina con el fin de que esta crezca en santidad. Esta enseñanza aparece en todo el Nuevo Testamento, llamando nuestra atención a su importancia fundamental.
Propósito Restaurativo
La disciplina eclesiástica no es punitiva sino restaurativa. Su objetivo principal es la restauración del hermano que ha caído en pecado, la protección de la congregación de la influencia corruptora del pecado no confesado, y la preservación del testimonio de la iglesia ante el mundo.
"Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado." - Gálatas 6:1
Proceso Bíblico
Jesús mismo estableció el proceso de disciplina en Mateo 18:15-17: confrontación personal, involucrar testigos, llevar el asunto a la iglesia, y finalmente, si no hay arrepentimiento, tratar al individuo como gentil y publicano.
Amor Difícil
La disciplina eclesiástica representa una forma de amor difícil que está dispuesto a confrontar el pecado porque valora más el bienestar espiritual que la comodidad temporal. Es una expresión del amor de Dios que no puede tolerar el pecado.
Protección Congregacional
Pablo enseña que "un poco de levadura leuda toda la masa" (1 Corintios 5:6), indicando que el pecado no confrontado puede contaminar toda la congregación. La disciplina protege la pureza doctrinal y moral de la iglesia.
"¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa." - 1 Corintios 5:6-7
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