En las últimas palabras de Jesús antes de Su ascensión, Él comisionó a Sus discípulos con una tarea que definiría la misión de la iglesia por todos los siglos:
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19).
El bautismo no aparece como una sugerencia opcional o una tradición cultural, sino como parte integral del proceso de hacer discípulos. Esta ubicación estratégica en la Gran Comisión revela la importancia fundamental que Cristo asigna al bautismo en la vida cristiana.
Señal de Nuestra Unión con Cristo
El bautismo importa porque señala y sella nuestra unión espiritual con Jesucristo—la realidad más fundamental de la experiencia cristiana.
Pablo explica esta unión usando la metáfora de muerte y sepultura:
"¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva" (Romanos 6:3-4).
Esta unión no es meramente legal o posicional; es vital y transformadora. En el bautismo, somos unidos con Cristo en:
Su Muerte: Nuestro viejo hombre es crucificado con Él, rompiendo el poder del pecado.
Su Sepultura: Somos enterrados al pasado de culpa y condenación.
Su Resurrección: Emergemos a una nueva vida caracterizada por justicia y santidad.
Esta realidad espiritual necesita expresión física y pública. El bautismo proporciona esa expresión, haciendo visible lo que es invisible, tangible lo que es espiritual.
Entrada al Pueblo de Dios
El bautismo marca oficialmente nuestra incorporación a la iglesia visible, el cuerpo de Cristo en la tierra. No es simplemente un acto individual sino comunitario, que nos conecta con la familia de Dios.
En Pentecostés, vemos este patrón claramente:
"Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas" (Hechos 2:41).
El proceso es: predicación → fe → bautismo → incorporación a la iglesia. El bautismo funciona como el rito de iniciación que marca la transición del mundo a la iglesia, de la vida independiente a la vida en comunidad de fe.
Confesión Pública de Fe
El bautismo proporciona la oportunidad para la primera confesión pública de fe en Cristo. Esta dimensión pública es esencial porque:
Vence la Vergüenza
Jesús advirtió sobre las consecuencias eternas de la vergüenza espiritual:
"Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles" (Marcos 8:38).
El bautismo público derrota la vergüenza al requerir una declaración abierta de lealtad a Cristo. Es imposible ser bautizado secretamente; el acto mismo demanda testimonio público.
Fortalece el Compromiso
Los compromisos públicos tienden a ser más duraderos que las decisiones privadas. Cuando una persona se bautiza ante testigos, la presión social positiva refuerza su decisión de seguir a Cristo.
Esta dinámica psicológica, aunque secundaria a la obra del Espíritu Santo, es un medio que Dios usa para fortalecer la perseverancia cristiana.
Testimonio Evangelístico
Cada bautismo es una oportunidad evangelística. Los familiares no creyentes, amigos y conocidos que presencian el bautismo escuchan el testimonio personal y la presentación del evangelio.
Muchas conversiones han resultado de la asistencia a servicios bautismales donde el Espíritu Santo usa el testimonio del candidato para convencer a otros de su necesidad del Salvador.
Confirmación de la Obra Redentora
El bautismo importa porque confirma y celebra la obra completa de Cristo en la redención. Cada elemento del sacramento apunta hacia aspectos específicos de la obra salvadora:
El Agua: Limpieza del Pecado
El agua simboliza la limpieza espiritual que Cristo logró mediante Su sacrificio.
"para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra" (Efesios 5:26).
Esta limpieza no es superficial sino completa, no temporal sino permanente. El bautismo declara que todos los pecados—pasados, presentes y futuros—han sido lavados por la sangre de Cristo.
La Inmersión: Muerte al Pecado
El acto de sumergir bajo el agua representa nuestra muerte al pecado y al mundo. No somos víctimas de esta muerte sino participantes voluntarios que "consideramos muertos al pecado" (Romanos 6:11).
El Levantamiento: Resurrección a Nueva Vida
Emerger del agua simboliza nuestra resurrección espiritual y nuestro compromiso de "andar en vida nueva" (Romanos 6:4). Esta nueva vida se caracteriza por diferentes valores, prioridades y comportamientos.
Preparación Para el Servicio Cristiano
El bautismo marca el comienzo del servicio cristiano activo. Jesús mismo fue bautizado antes de comenzar Su ministerio público, estableciendo el patrón para todos los creyentes.
En su bautismo, Jesús fue ungido con el Espíritu Santo:
"Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él" (Mateo 3:16).
Aunque nuestro bautismo no replica exactamente la experiencia de Cristo, sí marca nuestra preparación para el servicio bajo la dirección del Espíritu Santo.
Fundamento Para la Disciplina Eclesiástica
El bautismo establece la base para la responsabilidad mutua dentro de la iglesia. Los miembros bautizados están sujetos tanto a los privilegios como a las responsabilidades de la membresía eclesiástica.
Cuando un miembro bautizado cae en pecado persistente, la iglesia tiene autoridad y obligación de ejercer disciplina restaurativa. Esta disciplina es posible porque el bautismo estableció una relación formal de pacto entre el individuo y la comunidad.
Anticipación de la Glorificación
El bautismo apunta hacia adelante a nuestra glorificación final. Así como Cristo fue resucitado de los muertos en cuerpo glorificado, nosotros también seremos resucitados.
"Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección" (Romanos 6:5).
Esta esperanza de resurrección corporal no es abstracta sino concreta, no eventual sino cierta. El bautismo nos conecta con esta esperanza gloriosa.
Respuesta a Objeciones Comunes
"¿No es Suficiente la Fe Sola?"
La fe salvadora siempre produce obediencia. Si alguien afirma tener fe pero rehúsa obedecer los mandatos claros de Cristo (incluyendo el bautismo), su fe es cuestionable.
Santiago enfatiza:
"Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Santiago 2:17).El bautismo es una de las primeras "obras" que fluyen de la fe genuina.
"¿Qué Si No Hay Agua Disponible?"
En circunstancias extraordinarias (como el ladrón en la cruz), Dios ciertamente puede salvar sin bautismo. Sin embargo, en circunstancias ordinarias, el bautismo es la norma bíblica esperada.
El eunuco etíope ejemplifica la urgencia apropiada:
"Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?" (Hechos 8:36).Donde hay oportunidad, debe haber obediencia.
"¿No es Solo Un Símbolo Vacío?"
El bautismo es simbólico pero no vacío. Los símbolos bíblicos están cargados de significado y poder espiritual. Cuando Dios instituye un símbolo, ese símbolo se convierte en medio de gracia.
El Llamado a la Obediencia
El bautismo importa porque Cristo lo mandó, porque representa verdades cruciales sobre la salvación, porque marca nuestro ingreso a la comunidad de fe, y porque confirma nuestra unión con Cristo en Su muerte y resurrección.
Para el creyente no bautizado, la pregunta no es si el bautismo es conveniente o necesario, sino si Cristo merece obediencia. La respuesta a esa pregunta determinará la respuesta al llamado bautismal.
Para la iglesia, el bautismo representa tanto privilegio como responsabilidad: el privilegio de celebrar nuevos nacimientos espirituales y la responsabilidad de disciplinar y cuidar a los nuevos miembros.
El bautismo no es reliquia del pasado sino ordenanza vital para el presente. En cada bautismo, la iglesia proclama que el evangelio sigue siendo "poder de Dios para salvación a todo aquel que cree" (Romanos 1:16).
Que cada creyente honre este sacramento sagrado con obediencia gozosa, y que cada iglesia lo administre con reveencia y celebre con alegría. Porque en el bautismo, vemos el amor de Dios, la obra de Cristo, y la esperanza de gloria—verdades que siempre importarán.
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