En una época marcada por divisiones políticas, crisis económicas y conflictos armados que sacuden los cimientos de Europa, las conferencias episcopales de cuatro de las naciones más influyentes del continente han alzado su voz con un mensaje unificado y poderoso. Los obispos de Alemania, Francia, Italia y Polonia han lanzado un llamamiento conjunto que resuena como un eco profético en medio de la turbulencia contemporánea: Europa debe "redescubrir su alma" cristiana.
Este llamamiento no surge en el vacío, sino como respuesta a una realidad que preocupa profundamente a los líderes de la Iglesia Católica europea. "En un mundo desgarrado y polarizado por la guerra y la violencia", según expresan en su declaración conjunta, Europa corre el riesgo de perder su identidad más profunda, aquella que durante siglos ha sido forjada por la fe cristiana y los valores del Evangelio.
Más Allá del Mercado: La Dimensión Espiritual de Europa
Una de las críticas más contundentes que formulan estos obispos se dirige hacia la reducción de Europa a un mero "mercado económico y financiero". Esta visión materialista del proyecto europeo, advierten, ignora las raíces espirituales y culturales que verdaderamente han dado forma a la civilización europea a lo largo de los siglos.
Como nos recuerda San Pablo en su carta a los Romanos: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Romanos 12:2). Los obispos parecen estar aplicando esta enseñanza apostólica al contexto europeo actual, invitando a no conformarse con una visión puramente pragmática y económica del continente.
"Europa debe trabajar por el bien común y no ser solo un mercado económico y financiero"
Esta declaración episcopal resalta la importancia de recuperar la dimensión ética y espiritual en la construcción europea, una perspectiva que trasciende los intereses puramente materiales para abrazar una visión más integral del ser humano y de la sociedad.
Las Raíces Cristianas de la Identidad Europea
El llamamiento de estos obispos nos invita a reflexionar sobre las profundas raíces cristianas de Europa. Desde los primeros siglos del cristianismo, cuando San Pablo llevó el Evangelio a través del Mediterráneo hasta las costas europeas, este continente ha sido moldeado de manera fundamental por la fe cristiana.
Los valores que hoy consideramos como pilares de la civilización occidental – la dignidad humana, la justicia social, la solidaridad, el respeto por los más vulnerables – encuentran su fuente y fundamento en la enseñanza cristiana. Como declaró el Papa Juan Pablo II: "Europa, al alba del tercer milenio, abre de nuevo los ojos y descubre su rostro".
San Benito de Nursia, patrono de Europa, estableció las bases de una cultura que integró la oración, el trabajo y el estudio, sentando las bases de la civilización europea medieval. Los monasterios benedictinos no solo preservaron la cultura clásica durante los siglos oscuros, sino que también desarrollaron innovaciones agrícolas, técnicas y educativas que transformaron el continente.
El Bien Común Como Imperativo Moral
El concepto de "bien común" que mencionan los obispos tiene profundas raíces en la tradición social católica. Santo Tomás de Aquino definió el bien común como aquello que trasciende el bien individual para abrazar el bienestar de toda la comunidad. En el contexto europeo actual, esto implica superar nacionalismos estrechos y egoísmos particulares para trabajar por una Europa que sea verdaderamente casa común de todos sus pueblos.
La Doctrina Social de la Iglesia, desarrollada a través de encíclicas como "Rerum Novarum" de León XIII y "Centesimus Annus" de Juan Pablo II, ofrece un marco ético sólido para pensar los desafíos contemporáneos de Europa. Principios como la subsidiariedad, la solidaridad y la preferencia por los pobres pueden iluminar el camino hacia una Europa más justa y fraterna.
Un Mensaje Profético para Tiempos de Crisis
El timing de esta declaración episcopal no es casual. Europa atraviesa uno de sus períodos más desafiantes desde la Segunda Guerra Mundial. La guerra en Ucrania ha sacudido los cimientos de la paz continental, mientras que las divisiones internas, el auge de populismos y la crisis de confianza en las instituciones europeas plantean interrogantes profundos sobre el futuro del proyecto europeo.
En este contexto, el llamamiento de los obispos adquiere un carácter profético, recordando las palabras del profeta Jeremías: "Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma" (Jeremías 6:16).
"En un mundo desgarrado y polarizado por la guerra y la violencia, Europa debe redescubrir su alma"
Hacia una Nueva Evangelización Europea
El llamamiento de estos obispos se enmarca también en el contexto de la Nueva Evangelización promovida por la Iglesia Católica. No se trata simplemente de una nostalgia por el pasado cristiano de Europa, sino de una invitación audaz a redescubrir y reactivar la fuerza transformadora del Evangelio en las sociedades europeas contemporáneas.
Como enseñaba el Papa Benedicto XVI: "Europa se ha desarrollado gracias al encuentro de pueblos, culturas y religiones, en el que ha desempeñado un papel fundamental la fe cristiana". Esta herencia no debe ser vista como un obstáculo para el pluralismo contemporáneo, sino como un tesoro que puede enriquecer el diálogo intercultural e interreligioso.
La invitación a "redescubrir el alma" de Europa es, en última instancia, un llamado a la esperanza. En medio de las crisis y divisiones actuales, los obispos nos recuerdan que Europa tiene recursos espirituales y morales profundos para superar sus desafíos y construir un futuro más luminoso para todos sus ciudadanos.
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