En una declaración que ha resonado en todo el mundo católico, el Papa León XIV ha reivindicado su libertad para decir la verdad y defender a los más débiles, recordando las palabras de Jesús: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32).
La Verdad Como Liberación
El Santo Padre enfatiza que la libertad papal no es privilegio personal, sino responsabilidad profética. Como los antiguos profetas que confrontaron reyes y poderosos, el Papa debe ejercer la parresia evangélica: la valentía de proclamar la verdad aunque resulte incómoda.
Esta libertad se enraíza en Cristo mismo, quien ante Pilato declaró: Para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad (Juan 18:37). El Papa, como Vicario de Cristo, hereda esta misión de testimonio veraz.
Opción Preferencial por los Débiles
La defensa de los más débiles constituye criterio fundamental del ministerio petrino. Siguiendo el ejemplo de Jesús, quien se identificó con los pequeños: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis (Mateo 25:40).
Esta opción no es ideológica sino evangélica, no es política sino profética. El Papa León XIV actualiza la tradición de pontífices como Juan XXIII, que defendió la paz mundial, y Juan Pablo II, que se opuso a regímenes totalitarios.
La verdad del Evangelio no puede someterse a cálculos políticos ni presiones económicas. La libertad papal es libertad para el Evangelio, libertad para los pobres, libertad para la justicia.
Esta declaración refuerza el magisterio pontificio como voz independiente en un mundo polarizado, recordando que la Iglesia no se identifica con ningún sistema político, sino con el Reino de Dios que trasciende todas las fronteras humanas.
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