"Señor mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste." - Salmo 30:2 (NVI). Estas palabras del salmista capturan una verdad fundamental sobre el carácter de Dios: Él es nuestro sanador. La voluntad de Dios es que los suyos se mantengan sanos, y por ello hizo provisión para sanarles mediante Jesús.
La Cruz: Lugar de Nuestra Sanidad
En la Cruz, Jesús llevó la enfermedad de los suyos para sanarles por medio de su fe (Isaías 53:4-5). Esta verdad no es solo teológica sino práctica: nuestro Señor pagó el precio completo no solo por nuestros pecados sino también por nuestras enfermedades.
"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido." - Isaías 53:4
Fe que Activa la Sanidad
Sin importar qué enfermedad o dolor enfrentemos, podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia, sabiendo que Jesús es suficiente para toda necesidad. Nuestra fe activa la provisión que ya está disponible a través de Su sacrificio.
Sanidad Integral
Jesús no solo sana el cuerpo físico, sino que trae restauración completa: emocional, espiritual y relacional. Él entiende nuestro dolor porque Él mismo experimentó el sufrimiento humano y cargó con nuestras enfermedades.
Esperanza en Medio del Dolor
Cuando la enfermedad toca nuestras vidas, podemos recordar que tenemos un Sanador que nos comprende perfectamente y que tiene el poder absoluto para restaurar lo que está quebrantado en nosotros.
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados." - Isaías 53:5
Comments