Canta para recordar: el regalo de Dios de la memoria musical

Fuente: TGC Español Vida

Durante cinco años, cuidé a mi amiga Violet mientras sus recuerdos se desvanecían. La demencia se apoderó de ella y la enérgica mujer finlandesa que se enorgullecía de su carrera de enfermera, su impecable césped y de su amada pastora alemana acabó olvidando a las personas y el hogar que amaba. En sus últimos meses, ya no reconocía los versículos de la Biblia que la habían animado a superar tantas tormentas.

Canta para recordar: el regalo de Dios de la memoria musical
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Pero aún conservaba «Sublime gracia».

Durante el último año de Violet, la visitaba todos los martes con mi Biblia en la mano. Ella no me reconocía ni recordaba ninguna de las palabras que le leía. Pero cada vez que cantaba «Sublime gracia», ella se unía a mí, cantando como lo había hecho durante tantos años en el coro. En una época en la que la niebla de la demencia había nublado su visión de la gracia de Dios, ella reconocía Sus promesas a través de cantar: «Fui ciego mas hoy veo yo, perdido y Él me halló».

Coro de mandamientos

A lo largo de la Biblia, la alabanza, la adoración y la acción de gracias mueven al pueblo de Dios a cantar. Después de que Dios guía a los israelitas a través del Mar Rojo, Moisés los conduce en canto (Éx 15:1). Cuando Dios protege a David de Saúl, David lo alaba cantando (2 S 22:49-50).

Este patrón se repite a lo largo de toda la historia bíblica. Cuando Dios bendice a Ana con un hijo, ella canta en acción de gracias (1 S 2:1-10). Después de que Gabriel visita a María para predecir el nacimiento de Jesús, ella se regocija con el Magníficat (Lc 1:46-55). El mismo Jesús canta un himno (probablemente del Salmo 118) en la Última Cena (Mt 26:30), y Juan predice que todas las naciones cantarán alabanzas al Señor resucitado en los nuevos cielos y la nueva tierra (Ap 5:9-12).

Cuando cantamos, recordamos palabras que nuestros cerebros inconstantes y afligidos por el pecado de otro modo olvidarían rápidamente

Pablo anima a la iglesia a «que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones» (Col 3:16, énfasis añadido). Santiago escribe: «¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas» (Stg 5:13). El Señor mismo nos llama a cantar mientras le alabamos. Consideremos el Salmo 96:1-3:

Canten al SEÑOR un cántico nuevo;
Canten al SEÑOR, toda la tierra.
Canten al SEÑOR, bendigan Su nombre;
Proclamen de día en día las buenas nuevas de Su salvación.
Cuenten Su gloria entre las naciones,
Sus maravillas entre todos los pueblos.

El Salmo 147 comienza de manera similar: «¡Aleluya! / Porque bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios, / Porque agradable y apropiada es la alabanza» (Sal 147:1). Y el Salmo 100 se une al tema: «Aclamen con júbilo al SEÑOR, toda la tierra. / Sirvan al SEÑOR con alegría; / Vengan ante Él con cánticos de júbilo» (Sal 100:1-2).

De principio a fin, el canto y la adoración van de la mano.

La razón para cantar

¿Por qué Dios nos ordena con tanto fervor que unamos nuestras palabras con la melodía cuando lo adoramos? Por un lado, como Dios nos creó a Su imagen, debemos regocijarnos con el canto tal como Él lo hace. En Sofonías 3:17, leemos:

El SEÑOR tu Dios está en medio de ti,
Guerrero victorioso;
Se gozará en ti con alegría,
En Su amor guardará silencio,
Se regocijará por ti con cantos de júbilo.

Además, cuando alzamos nuestras voces en canto al Señor, dirigimos nuestras emociones hacia el cielo, despertando gratitud en nuestros corazones como corresponde al Todopoderoso (Col 3:16). Como escribe Jonathan Edwards: «El deber de cantar alabanzas a Dios parece estar destinado por completo a provocar y expresar afectos religiosos» (Religious Affections, p. 115).

Y, sin embargo, hay otra razón para adorar con el canto, una razón que se hizo maravillosamente evidente durante mis visitas a Violet. En Deuteronomio 31:19-21, Dios ordena a Moisés que enseñe al pueblo un canto que relata Sus obras para que ellos y sus descendientes puedan recordarlas. «Sucederá entonces que cuando muchos males y tribulaciones vengan sobre ellos, este cántico declarará contra ellos como testigo (pues no lo olvidarán los labios de sus descendientes)» (Dt 31:21).

La orden de ‘¡Canta al Señor!’ no solo glorifica a Dios, sino que también nos bendice abundantemente. Cuando cantamos, recordamos

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Cuando cantamos alabanzas a Dios, lo glorificamos, le obedecemos y dirigimos nuestros corazones hacia Él. Pero también, de una manera extraordinaria, recordamos palabras que nuestros cerebros inconstantes y afligidos por el pecado de otro modo olvidarían rápidamente.

Memoria musical

La historia del pueblo de Dios es una historia de olvido y recuerdo. En el desierto, los israelitas olvidaron las maravillas que Dios había realizado en Egipto y adoraron la obra de sus propias manos (Éx 32:1-10). En el libro de Deuteronomio, Moisés suplicó al pueblo que recordara lo que Dios había hecho por ellos (Dt 4:9; 8:2, 11-20). Josué construyó un monumento conmemorativo con doce piedras del río Jordán para que las generaciones siguientes supieran cómo Dios había provisto (Jos 4:1-7). Finalmente, en el aposento alto, Jesús ordenó a Sus discípulos que tomaran el vino y el pan en memoria de Él, como también debemos hacer nosotros (Lc 22:19; 1 Co 11:23-29).

Seguir a Cristo es recordar y proclamar lo que Él ha hecho (Hch 4:20). Y el don del canto, además de conmover nuestros corazones, ayuda a nuestra mente a recordar. Cuando leemos un versículo, puede escaparse; cuando lo cantamos, guardamos la Palabra de Dios en nuestro corazón (Sal 119:11).

El vínculo entre el canto y el recuerdo surge de la forma en que Dios diseñó nuestro cerebro. Aunque el acto de olvidar puede parecer sencillo, en realidad tenemos varios tipos de memoria, todos ellos organizados en áreas separadas del sistema nervioso. La memoria declarativa implica el recuerdo de acontecimientos, conceptos, palabras, significados y hechos, y se origina en los lóbulos temporales y el hipocampo. Sin embargo, los estudios demuestran que la música implica redes complicadas en el cerebro más allá de este sistema.

Cantar activa nuestra memoria procedimental, una red compleja que involucra al cerebelo, la corteza motora y estructuras cerebrales más profundas. La memoria procedimental nos permite realizar acciones sin centrarnos explícitamente en ellas. Piensa en lo poco que piensas en cómo montar en bicicleta o conducir un automóvil después de tus primeros días torpes de aprendizaje. Estas memorias procedimentales están tan fuertemente impresas en nuestro cerebro que podemos realizar una acción como tocar el piano o tejer incluso si no lo hemos hecho en mucho tiempo.

El procesamiento musical también se conecta con la memoria emocional, centrada en una región del cerebro llamada amígdala. El sistema de memoria emocional nos ayuda a recordar acontecimientos a los que se asocian sentimientos intensos. El vínculo entre la música y la memoria emocional explica por qué ciertas canciones nos transportan a un momento específico en el tiempo y evocan sentimientos que quizá no habíamos recordado en años.

Dios ha diseñado la arquitectura misma de nuestro cerebro para guardar Su Palabra, aun cuando nuestra memoria falle

Gracias a la conexión entre la música y estos dos sistemas de memoria, nos resulta muy difícil borrar de nuestra mente las melodías pegadizas, por mucho que nos molesten. Escuchar una canción familiar en la radio puede transportarnos instantáneamente a la primera vez que tomamos de la mano a nuestro cónyuge o a nuestra fiesta de cumpleaños en el jardín de niños. Lo más sorprendente de todo es que la conexión entre estos sistemas revela por qué la orden de «¡Canta al Señor!» no solo glorifica a Dios, sino que también nos bendice abundantemente. Cuando cantamos, recordamos.

La melodía cuando falla la memoria

La asombrosa capacidad del cerebro humano para recordar la música es un regalo de la misericordia en la enfermedad del Alzheimer. El Alzheimer afecta principalmente a los lóbulos temporales y al hipocampo, las regiones del cerebro responsables de la memoria declarativa. Como resultado, la memoria del lenguaje, los nombres y los acontecimientos se va erosionando. La memoria de los acontecimientos recientes se desvanece primero, ya que estos se almacenan de forma menos rigurosa. No obstante, con el tiempo, incluso los acontecimientos lejanos pueden desaparecer.

Sin embargo, la memoria de la música a menudo permanece intacta en el Alzheimer porque involucra los sistemas de memoria procedimental y emocional. La respuesta a la música se conserva incluso en la demencia avanzada, cuando los pacientes ya no pueden razonar, planificar o incluso hablar. «Recuerdo la primera vez que vi a alguien con Alzheimer recordar al Señor a través de la música», escribe el psicólogo clínico Benjamin Mast en su libro sobre recordar el poder del evangelio durante la enfermedad de Alzheimer. Durante su visita a un centro de atención a la memoria, donde «estaba representada toda la gama de demencias», escribe:

Cuando llegó el momento de la música, y especialmente de los himnos antiguos, las cosas cambiaron visiblemente. Una mujer que solo quería marcharse finalmente se sentó un rato a escuchar. Un hombre que siempre estaba enfadado y agitado ahora tenía una mirada satisfecha y seguía el ritmo de la música con el pie. Otro hombre que estaba bastante confundido cerró los ojos llenos de lágrimas y levantó lentamente las manos mientras articulaba en silencio cada palabra. Dios utiliza la música para llegar a lo que parece inalcanzable. Y nos da este don como un recurso misericordioso para ayudarnos a atraer a las personas hacia Él, a reavivar su fe (p. 139).

Por la gracia de Dios, los creyentes que ya no pueden recordar los nombres de sus seres queridos aún pueden cantar alabanzas a Dios con facilidad. Dios ha diseñado la arquitectura misma de nuestro cerebro para guardar Su Palabra, aun cuando nuestra memoria falle. Él nos manda a cantar para que podamos recordar Su Palabra vivificante, aun cuando seamos propensos a olvidar.

Cantemos al Señor, hermanos y hermanas. Aclamemos con júbilo al Señor. Mientras cantamos, aunque otros recuerdos se desvanezcan, recordemos Su asombrosa gracia: la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Dios por nosotros en Cristo.


Publicado originalmente en Desiring God.

">Coalición por el Evangelio.


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