En el Ángelus del domingo 15 de febrero, el Papa León XIV reflexionó sobre una porción del Sermón de la Montaña que revela el significado profundo de los preceptos de la Ley de Moisés. El Pontífice indicó que en cada mandamiento debemos percibir una "exigencia de amor" que va mucho más allá de la mera observancia externa.
Más Allá de la Ley
El pasaje evangélico del día presentaba las llamadas "antítesis" de Jesús en el Sermón de la Montaña (Mateo 5,17-37), donde el Señor dice: "Habéis oído que se dijo... pero yo os digo..." En cada caso, Jesús no anula la Ley sino que la radicaliza, llevándola desde la acción externa hasta la intención del corazón.
"No basta con no matar — hay que no odiar. No basta con no cometer adulterio — hay que purificar la mirada. No basta con no jurar en falso — hay que vivir en verdad total," explicó León XIV, parafraseando las enseñanzas de Cristo.
La Justicia del Amor
La frase clave del Ángelus fue contundente: "No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios." Con estas palabras, el Papa desafió la tendencia humana de buscar el mínimo necesario para cumplir con Dios.
Esta enseñanza conecta directamente con Mateo 5,20: "Si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos." Los fariseos cumplían la ley al pie de la letra pero les faltaba lo esencial: el amor.
El Amor Como Cumplimiento
Pablo resumió esta verdad en Romanos 13,10: "El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor." Cuando amamos verdaderamente, no necesitamos que nos digan "no robes" porque el amor nos impide tomar lo que pertenece al otro. No necesitamos que nos digan "no mientas" porque el amor busca siempre la verdad.
León XIV enfatizó que este amor no es producto del esfuerzo humano sino un don de Dios: "Es posible gracias a la fuerza de Dios." Sin la gracia divina, las exigencias del Sermón de la Montaña serían inalcanzables. Con ella, se convierten en el camino natural del discípulo.
Aplicación Práctica
El Papa invitó a los fieles a examinar sus propias vidas a la luz de esta enseñanza:
- ¿Me conformo con "no hacer daño" o busco activamente hacer el bien?
- ¿Mi obediencia a Dios nace del amor o del miedo al castigo?
- ¿Mis relaciones reflejan la justicia mínima o el amor grande?
Como escribió San Agustín: "Ama y haz lo que quieras" — porque quien ama verdaderamente no puede querer el mal. El Sermón de la Montaña no es una lista de prohibiciones más estrictas, sino una invitación a amar sin medida, como Dios mismo nos ama.
1 Juan 4,19 lo resume perfectamente: "Nosotros amamos porque él nos amó primero."
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