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¿Qué significa andar por el Espíritu?

Me estaba preparando para comenzar una serie de cuatro meses sobre el Espíritu Santo y uno de mis amigos pastores más antiguos me dijo: «Eso es genial. ¿A cuántas personas crees que perderás?». No bromeaba del todo, y yo sabía que teníamos por delante conversaciones importantes pero difíciles.

¿Qué significa andar por el Espíritu?
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Es una realidad desafortunada que existan divisiones, confusión y desunión en torno a nuestras posturas sobre el Espíritu. Pero una de las funciones principales del Espíritu es traer unidad a los creyentes y a las iglesias. Una y otra vez en las Escrituras hay una conexión directa entre el Espíritu y la unidad.

Aprender a andar por el Espíritu es esencial para el cristiano individual y para la iglesia local. Como escribió J. I. Packer en Caminar en sintonía con el Espíritu: «Sin [el Espíritu], no solo no habría creyentes vivos ni congregaciones vivas, sino que no habría creyentes ni congregaciones en absoluto. Pero, de hecho, la iglesia continúa viviendo y creciendo, porque el ministerio del Espíritu no ha fallado, ni fallará jamás, con el paso del tiempo».

Debemos estar dispuestos a comprometernos con la Biblia y ver su visión de un estilo de vida verdaderamente sobrenatural, una vida que «anda por el Espíritu» (véase Gá 5:25).

Presentando al Espíritu de Dios La noche de Su arresto, Jesús dijo estas palabras para preparar a Sus seguidores para Su muerte:

Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos. Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes.

Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero ustedes me verán; porque Yo vivo, ustedes también vivirán. En ese día conocerán que Yo estoy en Mi Padre, y ustedes en Mí y Yo en ustedes (Jn 14:15-20).

Ponte en las sandalias de los discípulos. Imagina que has estado caminando con Jesús durante tres años. ¿Qué has visto? Milagros. Sus enseñanzas. Sanidades, tantas sanidades increíbles. Este hombre, ahora estás seguro de ello, es el verdadero Hijo de Dios. Pero ahora, Él mira a los demás en la mesa y básicamente les dice: «Me voy. Me marcho. Vuelvo al Padre».

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, igual en naturaleza, poder y gloria al Padre y al Hijo

Imagina la confusión. Imagina la inmensidad de tu dolor. ¿Qué quieres decir con que te vas? Más tarde, dice: «Pero Yo les digo la verdad: les conviene que Yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se lo enviaré» (16:7).

Identidad trinitaria ¿Quién es el Espíritu Santo? Él es Dios. Es el tercer miembro de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu. Gregg Allison, en The Holy Spirit [El Espíritu Santo], escribe:

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, igual en naturaleza, poder y gloria al Padre (la primera persona) y al Hijo (la segunda persona). Por lo tanto, todo lo que afirmemos del Padre, lo afirmamos igualmente del Hijo, y lo afirmamos igualmente del Espíritu Santo: es todopoderoso, omnipresente, omnisciente, eterno, independiente, amoroso, justo, inmutable, veraz, fiel, sabio, santo, bueno y mucho más.

Consideremos cómo describen las Escrituras al Espíritu de Dios:

Él es Dios (Mt 12:22-32; Hch 5:3-4; 2 Co 3:12-18). Él es eterno (Gn 1:1-2). Es nuestro Abogado: nuestro Consolador o Ayudador, quien nos fortalece, nos sostiene, nos da poder y aboga a nuestro favor ante el Padre (Jn 14:16, 26; 15:26; 16:7). Él reposó sobre Jesús en Su bautismo (Mt 3:16) y le dio poder para Su ministerio (Lc 4:14). Él comprende los pensamientos de Dios y nos enseña a entenderlos (1 Co 2:10-13). Él nos da nueva vida (Jn 3:3-8; Ro 8:11).

Además, el Espíritu es llamado «el aliento del Todopoderoso» (Job 33:4), «el poder del Altísimo» (Lc 1:35), «el Espíritu de vida» (Ro 8:2), «el Espíritu de gracia» (He 10:29), «el Espíritu de verdad» (Jn 14:17), «el Espíritu de sabiduría» (Ef 1:17), «el Espíritu de santidad» (Ro 1:4) y «el Espíritu de gloria» (1 P 4:14).

La obra del Espíritu Santo Con demasiada frecuencia, pensamos en el Espíritu como una fuerza impersonal, no como una persona. A veces, sin querer, nos referimos al Espíritu como «eso» en lugar de «Él». Pero, una y otra vez, las Escrituras nos muestran la personalidad del Espíritu al referirse a todo lo que hace. Él habla (en dieciséis lugares, principalmente en Hechos). Él enseña o testifica (cinco ocasiones, incluyendo tres en Juan 14-16). Se puede pecar contra él (Jn 15-16), se le puede mentir (Hch 5), se le puede insultar (He 10), pero Él anima (Hch 9) y fortalece (Ef 3).

Quizá podamos considerar una última forma de comprender y apreciar al Espíritu y Su obra. ¿Qué faltaría sin el Espíritu? A continuación, encontrarás un resumen de la lista de Allison extraída de God, Gift, and Guide [Dios, don y guía]:

La existencia del mundo y todo lo que contiene La consciencia de nuestro pecado y la necesidad de que Jesús nos salve El nuevo nacimiento y la conversión (esto es, convertirse en cristiano) Estar unidos a Cristo, justificados y adoptados por Dios La santificación (nuestra madurez progresiva en la vida cristiana) Entender y aplicar la Biblia Oración a Dios para pedir ayuda, sabiduría y profundidad en la relación Unidad en la iglesia Efectividad en la evangelización, la misión y la predicación Dones espirituales para edificar la iglesia Nuestros futuros cuerpos resucitados El nuevo cielo y la nueva tierra

El Espíritu está involucrado en todo lo necesario para la creación, la salvación, el crecimiento y la renovación de todas las cosas. Pero, en todas estas actividades, hay una cosa que ocupa el centro de Su esencia y actividad. El Espíritu es la presencia de Dios que nos empodera. No es simplemente omnipresente en un sentido general, sino que está presente con nosotros. La presencia del Espíritu no significa simplemente que «Dios está allá», sino que «Dios está aquí».

La diferencia entre la omnipresencia de Dios y la presencia del Espíritu con nosotros podría compararse con la diferencia entre estar en la misma habitación que mi madre y sentarme frente a ella mientras compartimos una comida y hablamos de la vida.

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En resumen, el Espíritu Santo es Dios; es el tercer miembro de la Trinidad. Lo necesitamos para absolutamente todo. Y, gracias a Dios, el Padre está deseoso de dar el Espíritu a aquellos que lo buscan (Lc 11:13). Dios Padre derrama el Espíritu sobre todos los que creen en Jesús, concediéndonos un nuevo nacimiento y dándonos la bienvenida a una vida de gozo, paz y fortaleza mientras andamos por Su Espíritu.

Andando por el Espíritu Pablo, el apóstol del Espíritu, llama continuamente a los creyentes a comprometerse profundamente con la vida en el Espíritu. En Gálatas 5:16-25, hace referencia al Espíritu siete veces en su exhortación a la santidad y el crecimiento cristianos. Su exhortación culmina en este poderoso llamado: «Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu» (v. 25).

Por supuesto, «vivimos por el Espíritu», lo que significa que el Espíritu es quien nos saca de la oscuridad y nos lleva a la luz al iluminar a Cristo y aplicarnos la salvación. Pero luego nos llama a «andar por el Espíritu». El Espíritu no nos transforma para luego dejarnos. No es una presencia momentánea. Es la presencia permanente que nos empodera.

¿Qué significa andar con (o seguir el paso del) Espíritu? La palabra que Pablo utiliza para «andar» es stoicheo, que significa caminar en fila y avanzar bajo el control de otro. Andar por el Espíritu o con el Espíritu significa hacer dos cosas: despojarse de la carne y revestirse de una nueva forma de vida llena del Espíritu. Sigue al Espíritu, vive bajo Su control y no andes según la carne.

Andar por el Espíritu o con el Espíritu significa hacer dos cosas: despojarse de la carne y revestirse de una nueva forma de vida llena del Espíritu

En primer lugar, andar por el Espíritu, según Pablo, significa despojarse de la antigua forma de vida, «las obras de la carne» (v. 19). Significa rechazar el pecado en todas sus formas. Vivir según el Espíritu es vivir en el camino de la obediencia y la santidad. Donde el Espíritu está presente, también abunda la santidad.

En segundo lugar, andar según el Espíritu es revestirse de la nueva forma de vida, ser «guiado por el Espíritu». Significa estar bajo Su control y dirección. No es solo la ausencia de pecado, sino la presencia de la bondad, el amor y el poder.

Fruto espiritual El resultado de este doble andar por el Espíritu es el desarrollo del fruto espiritual. Es desarrollar el carácter de Cristo, el «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre [y] dominio propio» (vv. 22-23) en semejanza a Cristo.

Nada de esto sucede sin nuestra participación. El don del Espíritu viene por iniciativa de Dios, pero debemos buscar ser cada vez más llenos del Espíritu.

El don del Espíritu viene por iniciativa de Dios, pero debemos buscar ser cada vez más llenos del Espíritu

En Efesios 5:18, Pablo escribe: «Sean llenos del Espíritu». Curiosamente, se dirige a un grupo de creyentes a quienes acaba de decir que ya tienen el Espíritu (1:13-14). Entonces, ¿por qué les dice a quienes tienen el Espíritu que ahora sean llenos del Espíritu? Es casi seguro que esto significa que debemos buscar una relación continua y duradera con el Espíritu. Podemos encontrar una renovación espiritual continua en el Espíritu, y el desarrollo de un carácter semejante al de Cristo vendrá en la medida en que permitamos que el Espíritu produzca fruto en nosotros.

En resumen, las cartas de Pablo nos invitan a esta vida: despojarnos de los caminos de la carne y andar por el Espíritu, siendo continuamente llenos del Espíritu, y el resultado será una vida de fruto espiritual semejante a la de Cristo.

Ven, Espíritu Santo «Entender al Espíritu Santo es una tarea crucial para la teología cristiana en todo momento», escribe Packer. «Porque donde se estudia el ministerio del Espíritu, también se le buscará, y donde se le busca, se obtendrá vitalidad espiritual».

No tenemos que temer al Espíritu. Como escribió C. S. Lewis sobre Aslan: «Por supuesto que no es seguro. Pero es bueno».

No hay nada que temer al buscar el Espíritu de Dios. Lo único que temo es conformarme con la mitad de lo que Dios nos ofrece: adorarlo en verdad, pero no en el Espíritu (Jn 4:23-24).

Como pastor, no quiero ejercer el ministerio con mis propias fuerzas e intelecto. No quiero jugar a la iglesia durante los próximos treinta años. No quiero tener el control. No quiero que mi congregación sea una obra de la naturaleza humana. No quiero preguntarme cuánto tiempo tardaríamos en darnos cuenta si el Espíritu nos dejara.

El Espíritu Santo no tiene por qué ser una doctrina difícil. A decir verdad, el Espíritu es nuestro hermoso Dios, la tercera persona de la Trinidad. Todo lo que Él tiene para nosotros es para nuestro bien.

Por eso oramos, junto con los creyentes de dos milenios de historia de la iglesia: «Ven, Espíritu Santo».

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga. The post ¿Qué significa andar por el Espíritu? appeared first on Coalición por el Evangelio.


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