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Por qué debemos hablar de imagen corporal en el discipulado de mujeres

Cuando discipulamos a otros, queremos ayudarles a conocer a Dios profundamente y a vivir fielmente según Su Palabra. Con frecuencia, eso implica ayudar a las mujeres a superar diversos tipos de luchas. Como consejera bíblica, sé que temas como la depresión, la ansiedad, la ira y la adicción surgen en muchas relaciones de discipulado, y con toda razón captan nuestra atención y nuestro cuidado. Pero hay otro tema importante del discipulado que tendemos a pasar por alto: la imagen corporal. A continuación, explicaré por qué debemos estar preparadas para hablar de ello.

Por qué debemos hablar de imagen corporal en el discipulado de mujeres
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El dolor profundo puede llevar a respuestas desesperadas Las luchas con la imagen corporal son profundamente personales y dolorosas. Hablar de nuestros cuerpos puede llevarnos a algunos de los lugares más privados y llenos de vergüenza de nuestro corazón. La mujer a la que estás discipulando podría contarte cómo sus padres se burlaban de ella por su aspecto o sus hábitos alimenticios. Puede que comparta las bromas crueles que escuchó de sus compañeros en su infancia. Puede que te cuente comentarios desconsiderados de entrenadores, maestros o incluso de su esposo, los cuales aún están rumiando en su mente.

Es posible que ella no sepa cómo enfrentar estas voces fuertes con la verdad bíblica. Si no se abordan, esos mensajes pueden convertirse en aspectos arraigados de su cosmovisión que producen vergüenza y culpa cuando su apariencia no es de cierta manera. El odio hacia sí misma puede ser tan devastador que conduce a respuestas desesperadas como autolesiones, trastornos alimenticios o suicidio.

La presión cultural es inevitable Todas las mujeres se enfrentan a la presión de ser atractivas. La belleza física (sea cual sea su definición) se proclama como la clave para una vida feliz y exitosa. Pero esto es una mentira. Si no enfrentamos este engaño con la verdad bíblica, las mujeres a las que discipulamos se obsesionarán con cumplir los estándares de belleza de nuestra cultura, o se sentirán devastadas y avergonzadas cuando no lo consigan.

Necesitamos recordarles a las mujeres que fueron creadas a imagen de Dios (Gn 1:27) y que la plenitud del gozo se encuentra en Su presencia (Sal 16:11). Debemos decirles que nada puede separarnos del amor de Dios (Ro 8:35): ni el exceso de peso, ni una discapacidad, ni el envejecimiento. Podemos hablar de cómo vale la pena considerar todo como pérdida para conocer a Cristo (Fil 3:8). Podemos señalarles la verdad de que, mientras que las personas miran la apariencia exterior, Dios mira el corazón (1 S 16:7).

Las presiones a las que nos enfrentamos por nuestra apariencia son inevitables. Es un hecho que vamos a responder, ya sea con la verdad bíblica que combate las mentiras y conduce a la paz, la alegría y la satisfacción, o con intentos cada vez más drásticos de ajustarnos a las expectativas culturales.

Nuestros cuerpos pertenecen a Dios Deberíamos hablar sobre la imagen corporal en las conversaciones de discipulado porque nuestros cuerpos son un aspecto importante de nuestra adoración a Dios.

Pablo nos exhorta: «Presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes» (Ro 12:1). La adoración es la actividad del corazón que consiste en atribuir el valor supremo a algo. Cuando adoramos a Dios, estamos diciendo que lo amamos, lo atesoramos y lo valoramos por encima de todo. La forma en que pensamos y usamos nuestros cuerpos comunica lo que creemos que tiene valor.

Cuando queremos cambiar nuestro cuerpo, es porque creemos que eso nos aportará algo que valoramos. Quizás queramos perder peso para que nos presten atención y nos elogien. Puede que queramos tener músculos fuertes y definidos para que nos vean como personas poderosas. Queremos algo que creemos que un cuerpo «mejor» puede conseguirnos. No siempre está mal buscar cambios en nuestro cuerpo, pero debemos considerar nuestra motivación. La razón por la que queremos cambiar nuestro cuerpo nos dice algo sobre a quién o qué adoramos.

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Dios dice: «Ustedes no se pertenecen a sí mismos. Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo» (1 Co 6:19-20). Necesitamos una comprensión correcta de nuestro cuerpo para vivir una vida de adoración que glorifique a Dios.

La imagen corporal apunta a la belleza de Dios Hablar de la imagen corporal en las relaciones de discipulado es una oportunidad para considerar a nuestro Dios, el Creador de toda la belleza. En Él vemos la belleza y la gloria supremas. Él dice que la belleza duradera es ser como Su Hijo, Jesucristo.

Nuestro diseño al ser creadas nunca fue sentirnos satisfechas por contemplarnos a nosotras mismas

Como explica David Gibson: «En el Señor Jesús, Dios nos ha dado a alguien que es belleza, verdad y bondad absolutas en su totalidad». Cristo «no tiene lado oscuro, ni vicios secretos, ni egoísmo que aflora de vez en cuando. Él solo dice la verdad; solo ama lo que es correcto; nunca se sirve a Sí mismo».

En Salmos 27:4, David expresa la perspectiva que todos necesitamos: «Una cosa he pedido al SEÑOR, y esa buscaré: / Que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, / Para contemplar la hermosura del SEÑOR / Y para meditar en Su templo». Nuestro diseño al ser creadas nunca fue sentirnos satisfechas por contemplarnos a nosotras mismas. Dios nos creó para amarlo y para ser transformadas al contemplarlo a Él (2 Co 3:18).

Hablar sobre la imagen corporal es una oportunidad para dialogar sobre la belleza de Dios, cómo nuestro anhelo de trascendencia encuentra su plenitud en Él, y cómo nuestra apariencia, sea cual sea, sirve a los propósitos finales y a la gloria de Dios.

Si tú, como discipuladora, has luchado con la imagen corporal y estás dispuesta a compartir cómo Dios te ha ayudado, tu sinceridad puede allanar el camino para conversaciones fructíferas con las mujeres a las que discipulas. Pero incluso si no has experimentado esta lucha, tienes una sabiduría valiosa que compartir. Me encanta hablar con mujeres que no luchan con la imagen corporal. Su perspectiva y claridad bíblica son refrescantes. Así que no dudes en lanzarte a esta conversación.

Independientemente de tu experiencia, hablar sobre la imagen corporal vale la pena en las relaciones de discipulado porque puede llevarnos a discusiones sobre cómo atesorar a Dios e imitarlo mejor.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga. The post Por qué debemos hablar de imagen corporal en el discipulado de mujeres appeared first on Coalición por el Evangelio.


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