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¿Está el planeta en peligro?

Actualmente, organizaciones ambientales, científicos y líderes mundiales advierten sobre la destrucción que el ser humano está causando en el planeta. Esto lo vemos con el aumento de catástrofes naturales, el crecimiento del nivel del mar, el cambio brusco de temperatura, la extinción acelerada de especies, entre muchas otras cosas. Así mismo, mucha gente suele decir que el ser humano mismo va a causar su extinción en algunos años más; algunas religiones incluso llegan a vaticinar que el planeta será destruido por completo y para siempre.

¿Está el planeta en peligro?
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Pero estas posiciones no son del todo correctas a la luz de la Biblia. La Escritura nos ofrece una perspectiva única sobre el futuro del planeta que equilibra la responsabilidad humana presente con la esperanza eterna fundamentada en las promesas divinas.

El Mandato Original del Cuidado de la Creación

Entonces, ¿qué nos enseña la Escritura al respecto? Ciertamente el ser humano está destruyendo el planeta y por ende, causando un desequilibrio que le perjudica a él mismo y a las demás especies. Desde el principio, Dios estableció una relación especial entre la humanidad y la creación. Génesis 1:28 registra el mandato divino: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra."

Esta "sojuzgación" y "señorío" no implican dominación destructiva, sino administración responsable. El contexto inmediato de Génesis 2:15 clarifica este mandato: "Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase." Las palabras hebreas utilizadas (abad y shamar) significan "servir" y "proteger", estableciendo un modelo de cuidado activo en lugar de explotación.

Las Consecuencias del Pecado en la Creación

Dios advirtió que eso sucedería, pero también dijo que las personas que participen de esto, pagarán por su pecado: serán destruidos por Dios mismo todos aquellos que hagan que la creación gima de dolor (Apocalipsis 11:18, Romanos 8:22). Por ende, esto también nos enseña que Dios tiene una pronta solución para este grave problema.

Romanos 8:19-22 presenta un cuadro conmovedor de la creación afectada por la caída: "Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios... Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora." Esta descripción no es meramente poética; refleja una realidad espiritual donde el pecado humano ha afectado todo el orden creado.

La degradación ambiental actual no es simplemente un problema técnico que se puede resolver únicamente con mejores tecnologías o políticas públicas, aunque estas son importantes. Es una manifestación de la condición caída de la humanidad que requiere tanto acción práctica como transformación espiritual.

La Promesa de Restauración Divina

La Biblia nos asegura que la tierra permanecerá para siempre y que nunca será deshabitada (Eclesiastés 1:4), dándonos una esperanza de que no habrá una destrucción y extinción total, sino que tenemos la oportunidad de vivir para siempre en la tierra si elegimos el camino correcto (Mateo 5:5, Salmo 37:29).

Esta esperanza se fundamenta en las promesas específicas de Dios sobre el futuro de la creación. 2 Pedro 3:13 habla de "cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia." Apocalipsis 21:1 describe una visión similar: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron." La palabra "nuevo" (kainos en griego) no significa creado de la nada, sino renovado o restaurado.

También sabemos que Dios restaurará la tierra a su estado original, sin daño alguno y con su belleza, que todavía podemos apreciar a pesar de todo, en su máximo esplendor (Isaías 35:1-6). Isaías presenta una visión gloriosa: "Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa... porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad."

La Promesa de la Presencia Divina

Finalmente, la mayor de las promesas que cumplirá Dios es que, incluso, él planea habitar junto a nosotros en el planeta Tierra restaurado (Apocalipsis 21:1-4). Esta promesa trasforma completamente nuestra comprensión del destino final. No se trata de escapar del mundo material hacia una existencia puramente espiritual, sino de la redención completa de toda la realidad creada.

Apocalipsis 21:3 declara: "Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios." Esta unión de lo divino y lo humano, de lo celestial y lo terrenal, representa la culminación del plan redentor de Dios para toda la creación.

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Nuestra Responsabilidad Presente

Sin embargo, que Dios vaya a purificar la tierra no implica que nosotros no hagamos nada al respecto. Al contrario, Dios nos encargó cuidarla (Génesis 2:15), por lo que debemos esforzarnos en ser colaboradores de Dios. Si bien no somos nosotros quienes traeremos el Reino de los Cielos a la tierra, sí podemos trabajar haciendo el bien, en especial por el cuidado del planeta, y de este modo demostraremos nuestro amor por Dios y por Jesús (Juan 14:21).

Esta perspectiva bíblica evita dos extremos peligrosos: el pesimismo que lleva a la desesperanza y la inacción, y el optimismo secular que confía solo en el esfuerzo humano. Como cristianos, trabajamos por la justicia ambiental no porque creamos que podemos salvar el planeta por nuestra cuenta, sino porque amamos a Dios y queremos honrar su creación mientras esperamos su intervención final.

Aplicaciones Prácticas del Cuidado de la Creación

El cuidado de la creación se manifiesta en múltiples formas prácticas que reflejan nuestros valores cristianos:

Consumo responsable: Evaluar nuestras necesidades reales versus nuestros deseos, recordando que "la piedad acompañada de contentamiento es gran ganancia" (1 Timoteo 6:6).

Conservación de recursos: Usar eficientemente el agua, la energía y otros recursos naturales, reconociendo que somos administradores, no dueños absolutos.

Protección de la biodiversidad: Apoyar esfuerzos para preservar las especies que Dios creó, recordando que Él vio que toda su creación era "buena en gran manera" (Génesis 1:31).

Justicia social: Reconocer que los efectos del deterioro ambiental afectan desproporcionadamente a los pobres y marginados, grupos hacia los cuales tenemos responsabilidades bíblicas especiales.

La Perspectiva Eterna en la Acción Presente

Así que podemos estar tranquilos y confiados de que, a pesar de todo lo malo que pueda pasar, sabemos que Dios hará justicia por su creación, restaurará la tierra y habitará con nosotros por la eternidad si aceptamos su invitación. Esta confianza no produce complacencia, sino una motivación más profunda para el cuidado presente.

Colosenses 1:20 nos enseña que por medio de Cristo, Dios se propuso "reconciliar consigo todas las cosas... haciendo la paz mediante la sangre de su cruz." Esta reconciliación incluye no solo a la humanidad, sino a toda la creación. Como participantes en esta obra reconciliadora, nuestro cuidado del medio ambiente se convierte en una expresión tangible del evangelio.

Reflexión Final: Esperanza y Acción

La perspectiva bíblica sobre el medio ambiente nos proporciona una esperanza única: sabemos que la historia tiene un final glorioso donde toda la creación será restaurada. Pero esta esperanza no nos lleva a la pasividad; nos motiva a trabajar como embajadores del reino venidero, demostrando en el presente cómo será la realidad futura cuando Cristo reine sobre toda la creación.

Si quiere profundizar más sobre el tema, acceda al siguiente estudio: La Importancia de Cuidar de la Creación. Mientras tanto, recordemos que cada acto de cuidado hacia la creación de Dios es tanto una expresión de gratitud por sus bendiciones como una anticipación de la gloria que será revelada cuando Él haga todas las cosas nuevas.


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