Cuando tu prójimo acepta el cristianismo como algo bueno (pero no verdadero)

Fuente: Coalición por el Evangelio

En los últimos tiempos, un número cada vez mayor de intelectuales públicos ha comenzado a afirmar que el cristianismo, aunque en su opinión es falso, es bueno para la sociedad. Quizás el más sorprendente haya sido Richard Dawkins, ateo de fama mundial y uno de los llamados cuatro jinetes del nuevo ateísmo. En una entrevista para la emisora de radio británica LBC, Dawkins se describió a sí mismo como «un cristiano cultural» y expresó lo agradecido que está de vivir en un país cristiano, con los valores que esto conlleva.

Cuando tu prójimo acepta el cristianismo como algo bueno (pero no verdadero)
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Del mismo modo, Douglas Murray, un conocido periodista y autor, también ha reconocido el papel crucial del cristianismo en la configuración de la civilización occidental, especialmente en valores fundamentales como los derechos humanos y la libertad de expresión. Murray ha llegado incluso a autodenominarse como «ateo cristiano», en el sentido de que aprecia profundamente los valores del cristianismo, pero no cree que sea cierto. Cuando se le preguntó qué se necesitaría para que creyera, Murray respondió: «Necesitaría oír una voz».

Otra viajera sorprendente en este camino es Ayaan Hirsi Ali. Ella creció en África y se convirtió en una musulmana profundamente comprometida en su adolescencia, pero después de que los atentados del 11 de septiembre la obligaran a plantearse preguntas difíciles sobre el islam, se convirtió en atea. Su libro Infidel [Infiel] le valió una gran notoriedad pública (así como amenazas de muerte), y solía frecuentar a personas como Richard Dawkins y Christopher Hitchens. Pero entonces, en noviembre de 2023, sorprendió al mundo al anunciar que se había convertido al cristianismo, un cambio motivado en parte por su temor a que todo lo que ama de Occidente tenga sus raíces en el cristianismo. Hirsi Ali se vio influida por el historiador Tom Holland, que también se ha hecho famoso en los últimos años por defender públicamente el cristianismo a pesar de dudar de su veracidad.

Puedo entender por qué el «ateísmo cristiano» puede resultar atractivo para algunas personas. El nuevo ateísmo, que prometía conducirnos a las soleadas tierras del secularismo, donde nos esperaban rosas y gatitos, ha fracasado; sus argumentos quedaron expuestos como vacíos y muchos de sus defensores se vieron envueltos en controversias. Mientras tanto, el mundo occidental se ha enfrentado a una avalancha de desafíos: desde el COVID-19 hasta las crisis financieras, desde el caos medioambiental hasta el estancamiento político y el tribalismo. Todo esto ha llevado a una crisis de significado, con muchas personas luchando por responder a preguntas básicas: ¿Para qué sirve la vida? ¿Dónde se encuentra la esperanza?

El nuevo ateísmo ha dado paso a un momento cultural en el que se vuelve a hablar del cristianismo con calidez

Para los cristianos, estos son tiempos emocionantes y desafiantes. Emocionantes porque, después de años en los que el cristianismo ha sido ridiculizado como «la raíz de todos los males» y los creyentes han sido descritos como ilusos, el nuevo ateísmo ha dado paso a un momento cultural en el que se vuelve a hablar del cristianismo con calidez. Sin embargo, al mismo tiempo, hay un desafío: el cristianismo no es solo un buen consejo, es buenas nuevas. ¿Cómo podemos ayudarles a nuestros amigos a ver que los bienes sociales del cristianismo se derivan de sus afirmaciones verdaderas?

Señala la paradoja

Una forma de avanzar es señalar la paradoja. Por ejemplo, supongamos que tengo una buena amiga que es miembro comprometido de la Sociedad de la Tierra Plana. Un día, mi amiga anuncia alegremente que está muy emocionada porque acaba de ganar un crucero alrededor del mundo y que la próxima semana partirá en un transatlántico durante dos meses.

—Pero tú eres una terraplanista, ¿cómo es posible? —le pregunto.

—¿Estás sugiriendo que solo los defensores del globo terráqueo como tú, Andy, tienen derecho a dar la vuelta al mundo en crucero? ¡Qué arrogante! —protesta ella.

—Puedes creer lo que quieras —le respondo—. Pero solo la realidad de que el mundo es un globo te permitirá disfrutar de tu próximo viaje.

Algo similar ocurre con Dawkins, Murray y otros. Por supuesto, son libres de creer en los valores que quieran; el problema es que esos valores no tienen sentido cuando se desconectan de la fe cristiana que los sustenta. Por ejemplo, la idea de los derechos humanos, el valor y la dignidad, cuando se rastrean sus raíces, es completamente bíblica, ya que se deriva de la enseñanza fundamental de Génesis 1: «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza […]”. Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (vv. 26-27).

Por cierto, el deseo de los «ateos cristianos» de hoy en día de disfrutar del fruto de esta idea, incluso rechazando la raíz, no es del todo nuevo; la tensión fue señalada hace más de un siglo por nada menos que el ateo Friedrich Nietzsche cuando escribió:

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Cuando uno renuncia a la fe cristiana, le quita el derecho a la moral cristiana. Esta moralidad no es en absoluto evidente […]. El cristianismo es un sistema, una visión completa de las cosas pensadas en conjunto. Al separar uno de sus conceptos principales, la fe en Dios, se rompe el sistema completo: no queda nada necesario en nuestras manos.

Sin verdad no hay beneficios

Como cristianos, estamos de acuerdo con Nietzsche en este punto. Los bienes sociales que Dawkins, Murray, Holland y Hirsi Ali han visto en el cristianismo no son accidentales; provienen de las enseñanzas fundamentales del cristianismo sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros. Si hay un Dios que nos creó a Su imagen y semejanza, y si Dios demostró Su amor por nosotros a través del sacrificio de Jesús en la cruz (Ro 5:8), entonces tiene sentido hablar de derechos humanos, dignidad, valor y libertad. Por otro lado, si solo somos moléculas en movimiento, entonces el cristianismo es, en el mejor de los casos, un cuento de hadas y, en el peor, una ilusión.

En su artículo en el que anunciaba su conversión, Hirsi Ali reconoció que necesitaba ir más allá de considerar el cristianismo como algo bueno para la sociedad:

Por supuesto, todavía me queda mucho por aprender sobre el cristianismo. Cada domingo descubro algo más en la iglesia. Pero he reconocido, en mi largo viaje a través de un desierto de miedo y dudas, que hay una forma mejor de afrontar los retos de la existencia que la que ofrecen el islam o la incredulidad.

En su reciente diálogo con Richard Dawkins, fue aún más lejos, conectando los puntos entre su apreciación de los beneficios del cristianismo y su creencia en la historia y las enseñanzas de Jesús.

Pregunta y ora

¿Cómo podemos ayudar a nuestros amigos que, de manera similar, han comenzado a apreciar el legado del cristianismo, ya sea en términos de derechos humanos, cultura, verdad, arte o literatura, a ir más allá?

La historia cristiana está llena de testimonios de personas que comenzaron apreciando los beneficios del cristianismo antes de encontrar a Jesús

Creo firmemente en el poder de las preguntas «curiosas», el enfoque que Pablo adopta en Hechos 17. Acércate a tus amigos, habla con ellos sobre los valores que aprecian y elógialos por lo que han visto, pero luego sé valiente y pregúntales si se han cuestionado cuál es el origen de las cosas que tanto les importan. Y luego pregúntales si han pensado alguna vez por qué estos valores tendrían sentido si la historia en la que se basan no fuera cierta. ¿Te gustaría vivir en una casa en una zona sísmica si supieras que los cimientos no existen?

Por último, no nos olvidemos del poder de la oración. Por un lado, es fácil criticar a personas como Dawkins o Murray por intentar quedarse con el pastel y comérselo, o incluso por comérselo mientras niegan la existencia del pastelero. Pero estamos a años luz del antiguo nuevo ateísmo, que habría descartado esta misma conversación por ridícula. Oremos para que estos pensadores, y nuestros amigos como ellos, den los siguientes pasos. Anímalos en ese camino, quizá regalándoles un libro como Mero cristianismoHave You Ever Wondered? [¿Alguna vez te has preguntado?].

Animémonos con el hecho de que la historia cristiana, tanto reciente como antigua, está llena de testimonios de personas como C. S. Lewis, quienes comenzaron apreciando los beneficios del cristianismo antes de finalmente encontrar a Jesús, el corazón del cristianismo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition.

">Coalición por el Evangelio.


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