La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) inauguró su 120.ª Asamblea Plenaria con un compromiso inédito: implementar los principios de sinodalidad no solo como tema de reflexión, sino como método de trabajo con todo el presbiterio nacional. Esta decisión marca un hito en la historia centenaria del episcopado colombiano, que busca traducir en praxis pastoral concreta las orientaciones del Sínodo sobre la Sinodalidad convocado por el Papa Francisco.
Sinodalidad: de la teoría a la práctica episcopal
El neologismo sinodalear, acuñado por los obispos colombianos, refleja la voluntad de transformar la sinodalidad de concepto teológico en verbo de acción pastoral. Esta propuesta surge del reconocimiento autocrítico expresado por los prelados mediante el refrán popular en casa de herrero, cuchillo de palo, aludiendo a la paradoja de promover participación sin practicarla suficientemente en las estructuras eclesiales internas.
La decisión episcopal colombiana se enmarca en el proceso sinodal mundial que el Papa Francisco inauguró en 2021 y que culminará en octubre de 2024 con la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Colombia fue uno de los países latinoamericanos con mayor participación en la fase de consulta diocesana, registrando más de 2,000 grupos sinodales en todo el territorio nacional.
La Conferencia Episcopal de Colombia: 120 años de historia
La CEC, fundada en 1902, representa una de las conferencias episcopales más antiguas del continente americano. A lo largo de su historia centenaria, ha acompañado los grandes momentos de transformación del país: desde la época de violencia partidista hasta los procesos de paz contemporáneos, pasando por el Concilio Vaticano II y las conferencias generales del episcopado latinoamericano en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida.
Esta 120.ª Asamblea se desarrolla en un contexto nacional complejo, marcado por los desafíos de implementación del Acuerdo de Paz de 2016, el recrudecimiento de la violencia en territorios rurales y las consecuencias sociales de la pandemia. Los obispos colombianos han identificado en la sinodalidad una herramienta pastoral necesaria para abordar estos retos desde una perspectiva participativa y comunitaria.
El presbiterio colombiano: diversidad y desafíos
Colombia cuenta con aproximadamente 5,500 sacerdotes distribuidos en 70 diócesis y 13 jurisdicciones eclesiásticas. Esta numerosa fuerza presbiteral incluye clero diocesano y religioso de diversas congregaciones, con una significativa presencia de misioneros extranjeros, particularmente en regiones de frontera y territorios de misión como Amazonía, Orinoquía y costa Pacífica.
La diversidad geográfica y cultural del presbiterio colombiano presenta desafíos únicos para la implementación de procesos sinodales. Mientras algunos sacerdotes trabajan en grandes centros urbanos como Bogotá, Medellín o Cali, otros ejercen su ministerio en zonas rurales remotas donde el acceso a comunicaciones y la seguridad personal constituyen limitaciones concretas para la participación en dinámicas sinodales.
Formación presbiteral y sinodalidad
Los obispos colombianos han identificado la necesidad de incluir la formación sinodal como componente transversal en los seminarios mayores del país. Esta decisión responde al reconocimiento de que la sinodalidad requiere competencias específicas: escucha activa, facilitación de grupos, manejo de conflictos y capacidad de síntesis comunitaria. Los formadores seminarísticos recibirán capacitación especializada para transmitir estas habilidades a los futuros presbíteros.
Metodología sinodal en la práctica episcopal
La asamblea episcopal colombiana implementó por primera vez metodologías específicamente sinodales en su desarrollo: grupos pequeños de discernimiento, conversación en el Espíritu, síntesis comunitaria y toma de decisiones consensuales. Esta experimentación metodológica busca que los obispos vivencien personalmente las dinámicas que posteriormente promoverán en sus respectivas diócesis.
Los prelados adoptaron el método de conversación en el Espíritu desarrollado por los jesuitas y adaptado por el Secretariado General del Sínodo. Este proceso incluye tres momentos: resonancias personales ante las cuestiones planteadas, escucha profunda de las intervenciones de otros participantes y identificación de consensos emergentes que el Espíritu Santo suscita en el grupo.
Impacto en la pastoral diocesana
Las decisiones de la 120.ª Asamblea Episcopal colombiana se traducirán en orientaciones pastorales concretas para las 70 diócesis del país. Cada obispo se comprometió a implementar al menos tres iniciativas sinodales en su jurisdicción durante 2024: consejos presbiterales ampliados, asambleas diocesanas participativas y procesos de consulta para decisiones pastorales significativas.
Particularmente, la CEC acordó crear una Comisión Nacional de Sinodalidad que acompañará la implementación diocesana de estas orientaciones y facilitará el intercambio de experiencias entre jurisdicciones. Esta comisión estará integrada por obispos, sacerdotes, religiosos y laicos con experiencia en procesos participativos.
Sinodalidad y construcción de paz
Los obispos colombianos establecieron una conexión explícita entre sinodalidad y construcción de paz territorial. Su reflexión reconoce que los métodos sinodales de escucha, diálogo y consenso pueden contribuir significativamente a los procesos de reconciliación en territorios afectados por décadas de violencia armada.
Esta perspectiva se articula con el trabajo que varias diócesis colombianas han desarrollado en zonas de conflicto, donde párrocos y comunidades religiosas han facilitado espacios de diálogo entre actores sociales enfrentados. La experiencia acumulada en estos territorios alimenta ahora la reflexión episcopal sobre las potencialidades de la sinodalidad como herramienta de transformación social.
La 120.ª Asamblea Episcopal colombiana concluirá con compromisos específicos y calendarios concretos para la implementación de la sinodalidad presbiteral. Los obispos han expresado su determinación de superar la paradoja del en casa de herrero, cuchillo de palo, convirtiendo su conferencia episcopal en modelo de participación y escucha comunitaria para toda la Iglesia latinoamericana.
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